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jueves, 24 de mayo de 2018

Equilibrio


Me mantengo,
como el equilibrista,
entre el deseo y la duda,
sabiendo
que no hay otra cosa
que yo pueda hacer
que seguir caminado,
sin mirar a los lados,
sin miedo,
hacia tu corazón.

jueves, 17 de mayo de 2018

El orden de las cosas


Primero te ríes,
y, después, te enamoras.
Y no sabes bien por qué.
Y, luego, te das cuenta
de todos sus defectos,
y, aún así, es más fuerte
el deseo en tus dedos
de entrelazar los suyos
mientras caminas,
charlando naderías,
a su lado.


sábado, 5 de mayo de 2018

Sirena


El sol de la tarde,
que me ciega,
que agudiza
los otros sentidos:
el sabor de una copa,
el olor del humo
de un cigarrillo
y tu voz,
y mi propia piel,
mano sobre mano.
Sé que me estás mirando,
y que me has visto.
Y espero que vengas,
mar adentro,
a bucear en mis ojos.

lunes, 23 de abril de 2018

Transparente




Al despertar, 
diáfana,
me voy vistiendo
con los colores del día,
me tiño,
como el agua pura,
con el deseo,
el anhelo
y la esperanza.

domingo, 22 de abril de 2018

Frío


Huele, 
tímidamente,
como en un recuerdo,
a óleos y a incienso,
y los murmullos
se elevan, en ráfagas,
cubriendo las notas perdidas
de los que afinan los instrumentos.
Y hace frío. Apenas se recuerda
el sol primaveral de la puerta,
en este bosque de piedras claras
por entre el que susurra el viento
como si rezara en voz baja.
Y mi mano, helada, 
echa de menos
el calor de la tuya.

domingo, 8 de abril de 2018

jueves, 15 de marzo de 2018

La última copa


La última copa. Esa,
que nunca bebo.
La que, en mi interior,
está claro, sé que me daría
valor para confesarte,
(de una vez por todas),
lo que siento.
Pero, como tú sabes, 
no soy buena bebiendo
ni diciendo la verdad.

viernes, 9 de marzo de 2018

La gata



Como una gata, 
con los mismos defectos:
perezosa,
amante del calor
y de la cama;
curiosa y, a la vez, despreocupada,
capaz de ignorarte,
de clavarte las uñas,
y los colmillos.
Me acurrucaré en tu regazo,
y dejaré que acaricies mi pelaje,
y te daré lo que nadie te ha dado.
Y te amaré como nadie te ama.

martes, 6 de marzo de 2018

Columpio




Mis sentimientos,
como un columpio,
en lo más algo,
en lo más bajo,
siempre agitados.
Días azules y días de sol.
Arriba, abajo;
así es como lo quiero,
la cabeza nublada,
injusta y egoísta, 
antes que la certeza.

lunes, 26 de febrero de 2018

Cometa


A veces, 
no sirve
el esfuerzo,
ni el empeño 
que le pongas.
El corazón no acepta ni riendas ni caminos.
A veces,
la única manera
es soltar las amarras,
entregarse al viento,
dejarse llevar.

lunes, 19 de junio de 2017

El tesoro



La noche invernal se había cerrado sobre la posada, cercada por la nieve, y los pocos huéspedes que albergaba se agruparon alrededor del hermoso fuego que el posadero mantenía en la chimenea, después de la cena. Hubo unos minutos de incómodo silencio, en el que, sobre el crepitar de las llamas, se sobrepuso el lejano aullido de los lobos, que hizo estremecer los ánimos de la mayoría de los presentes. Tan sólo un joven, que permanecía un tanto apartado de los demás, pareció mantener el humor y levantó la voz para pedir que se sirvieran unas bebidas.
- Esto parece un velatorio de aldea, - dijo al posadero que le servía un vaso de licor, y éste se echó a reír.
- Joven, parece usted un hombre de mundo, quizás quiera espantar los temores de estos pobres campesinos con alguna historia que haya aprendido en sus viajes... 
Si creía que con aquella burla velada iba a provocar un sentimiento de vergüenza en el otro hombre, se equivocaba: el viajero sonrió de forma torcida, se arrellanó en la butaca y sin mirar a nadie en particular comenzó su relato.
- Pues verán, hubo una vez, en un país muy lejano, un pobre campesino que tenía tres hijos. Los dos mayores eran buenos trabajadores, personas decentes y honradas. En cambio, el más pequeño era un truhán, bueno para nada, que daba mil dolores de cabeza a su padre con su comportamiento. 
Un día, el campesino, que trabajaba abriendo un pozo en un campo ajeno, descubrió un tesoro enterrado en el suelo. Sin decir nada a nadie, ni siquiera a sus hijos, vendió todo lo que tenía y compró aquel campo a su vecino. Como era un hombre prudente, mantuvo el tesoro escondido durante mucho tiempo, esperando dar a sus hijos un beneficio que de otra forma no hubiera podido. En fin, que fue pasando el tiempo y un día, repentinamente, el campesino se sintió muy enfermo, tanto que no duró una semana. En su lecho de muerte, llamó a los hijos y les comunicó el paradero del tesoro, exhortándoles para que no fuera causa de rencillas entre ellos, sino una auténtica bendición que les aportara felicidad una vez repartido. Luego falleció, contento de dejarles una herencia más importante que la que hubiera podido conseguir con su trabajo, fue enterrado y se le guardó luto durante unos días.
Pasado ese tiempo, los tres hijos desenterraron el tesoro y lo llevaron a casa con la precaución de no ser vistos. A la vista de las hermosas monedas de oro, acuñadas con la cabeza de un emperador, se les nublaron los ojos y se les aceleró el corazón. Pero no perdieron la compostura: lo escondieron en un hueco del suelo y decidieron que lo repartirían cuando cesaran las visitas de pésame que aún les hacían los vecinos.
Así que se fueron a dormir tranquilos y cada uno soñó con las cosas en las iba a emplear su parte de la herencia. Fue una noche dichosa, pero el amanecer acabó con todos aquellos sueños: cuando se levantaron para ir a trabajar, los dos hermanos mayores descubrieron que las tablas del suelo habían sido removidas y el tesoro robado y el hermano más joven había desaparecido.

El narrador se interrumpió y apuró su bebida, como si hablar tanto le hubiera dado más sed. El posadero fue a servirle de nuevo, pero él rehusó con un gesto y se puso en pie. El resto de huéspedes le miró con asombro al ver que daba las buenas noches y hacía intención de dirigirse a su habitación.
- Un momento, - le reclamó el dueño de la hostería, - ¿esa es toda la historia? ¿Donde está la moraleja? 
El otro le miró, realmente perplejo.
- ¿Moraleja? ¿Es que tiene que tener una moraleja? - preguntó a su vez, y al no obtener respuesta continuó su camino.

Al día siguiente, los huéspedes se reunieron de nuevo en el comedor de la posada para tomar el desayuno y seguir su camino, y descubrieron que el joven que había contado la extraña historia no se encontraba entre ellos. Con curiosidad, preguntaron al posadero qué había sido de él y el hombre no pudo evitar sonreír.
- Pues verán, al final la historia sí tenía una moraleja. Se ha marchado esta mañana, muy temprano, casi furtivamente. Y ha pagado con una moneda de oro.

sábado, 17 de junio de 2017

Cumpleaños



Empiezo un nuevo año
apretando los dientes,
la cabeza en las nubes
pero pisando el suelo.
Mi corazón, perdido,
una barca en la niebla,
sin timón que lo guíe
anhelando tu puerto.

viernes, 16 de junio de 2017

Limbo

(Ilustración: Christian Schloe)

Estoy ahí, colgando
entre el vacío y el suelo,
con los ojos cerrados,
temiendo
que, si me decido,
si me muevo siquiera,
esta esperanza infundada
desaparecerá para siempre.

sábado, 10 de junio de 2017

Si...



A veces, sólo a veces,
y siempre brevemente
pienso en lo que sería
si hubiera sido distinta,
si, al sumar aciertos y errores,
la cifra resultante
me hubiera hecho ser otra.
Si te estaría amando
como creo que te amo.
Si hubiera amado como amé,
entregando mi corazón
como un ave en manos extrañas,
un ave que palpita mientras la sujetan
pero busca por instinto otros cielos.
Quizás es lo último que pienso al dormirme,
y quizás lo primero que me trae la mañana.
Quizás debería empezar a cambiar,
pero, en el fondo, me gusta
este yo que he creado.

viernes, 2 de junio de 2017

Junio


Corren los días.
Como las hojas en otoño
caen las del calendario,
y yo deshojo
la margarita de junio
esperando el día
en que me digas "Sí".

martes, 23 de mayo de 2017

Ofrenda



Quisiera haberte ofrecido
el yo de mis veinte años,
aquel que despertó a la vida,
como la Bella Durmiente,
desperezándose como un gato.
Quisiera haberte entregado
los días de mi juventud,
el primer amor y el primer beso.
(Es que fui una flor tardía,
con pétalos en la cabeza 
cuando otras eran ya albaricoques).
Quisiera darte el tiempo que me queda
y tomar el que tienes.
Yo lo guardaría, como una joya preciosa,
y te mimaría y te haría feliz,
y te haría enfadar, a veces,
por el placer de reconciliarnos.
Quisiera ser tu tipo, 
y que en tus ojos brillaran chispas
al mirarme.

lunes, 22 de mayo de 2017

domingo, 21 de mayo de 2017

Domingo por la tarde


La taza, vacía,
aún conserva un poso.
Sube
el humo,
evanescente,
azul,
desde el cenicero.
Hay un libro,
abierto, 
olvidado
boca abajo
en el suelo.
El cielo,
tormentoso,
me recuerda su mirada.






viernes, 19 de mayo de 2017

Olvido



Las palabras que dije,
y aquellos sentimientos,
el miedo, la nostalgia 
y hasta el mismo deseo:
los pétalos que el aire
tira de los ciruelos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La Primavera y los cerezos.


"Quiero hacer contigo 
lo que la primavera hace con los cerezos"

(Pablo Neruda. Poema XIV)

Podemos pensar que la Primavera hace florecer los cerezos, y ya. Pero no es así. La Primavera, esa estación impredecible, el tiempo del caos, también arranca las flores, hace volar los pétalos, no siempre dulcemente como en los hanami, cuando caen, suaves, etéreos, sobre las tazas de sake tibio, al menos en la imaginación de quien nunca ha estado presente en uno. No, el viento primaveral azota las ramas floridas y despoja a los cerezos de su dulce aroma. Los pétalos son arrastrados al suelo, donde se confunden con el barro y son hollados por los que pasan, y mueren y desaparecen.

Pero la flor que permanece en el árbol es la que da, al final, un dulce fruto.


(Hanami 花見, literalmente "ver flores", es la tradición japonesa de ir a ver los cerezos floridos, lo que sirve de excusa no sólo para pasear sino para celebrar un picnic bajo las ramas en el que no puede faltar el alcohol)