miércoles, 26 de abril de 2017

Reflejo



Paso, furtivamente,
frente al espejo,
porque, sin duda,
la imagen reflejada
me mirará de vuelta,
despreciativa,
como diciendo: 
"Cobarde"





lunes, 24 de abril de 2017

La gata



La punta de tus dedos
en mis orejas, 
y a lo largo
de mi cuello.
Quiero dormirme,
enroscada,
cálidamente
en tu regazo.

sábado, 22 de abril de 2017

Tristeza



La verdad, lo más triste
no es que esté yo aquí 
pensándote,
echándote de menos
sin haberte tenido.
Lo más triste
no es que tú no me veas
aunque yo esté delante.
Lo más triste de todo,
cuando alguien te ama,
es que tú no lo sepas.

martes, 18 de abril de 2017

17 años


Dejo caer mi rostro
sobre los brazos,
y susurro tu nombre.
El mismo sentimiento,
exactamente igual
que hace tanto tiempo,
cuando no te conocía 
y era tan joven.

Capricho



Llámalo capricho,
yo diré necesidad.
Lo que escondo,
lo que muestro.
Lo que busco.
Lo que encuentro.
Todo
cuanto quiero en mi mundo
está en ti.


jueves, 13 de abril de 2017

Secreto


Antes de darme cuenta
ya lo había dicho.
Mi secreto.
Y me he reído,
por fin,
de ti y de mí misma.

lunes, 10 de abril de 2017

Fortuna



Gira,
lentamente,
la rueda de la fortuna
y yo espero,
casi sin esperanza,
que llegue a lo más alto
y que me beses.

viernes, 7 de abril de 2017

Agua




Un cambio
(pequeño),
y todo cambia.
Ya no miro el mundo
desde el fondo del agua.
Me deslizo,
arriba,
arriba, 
aún más arriba.
Hacia la luz.
A la superficie.


miércoles, 5 de abril de 2017

Tú (y yo)


Tú,
tan lejano.
Tan lejano
y tan frío,
en tu mundo.
(Eres cálido,
tan cálido y dulce,
en el mío)

martes, 4 de abril de 2017

lunes, 3 de abril de 2017

Mariposa


Vuela
el deseo
desde el corazón 
a la punta de los dedos,
y se transforma
en mariposa.

jueves, 30 de marzo de 2017

Pájaros en la cabeza


Los pájaros migratorios 
que vienen y van, en mi cabeza,
unas veces cuervos, negros,
desde la oscuridad
de mi corazón;
otras veces, golondrinas
que silban como una cuerda de arco
y vuelan como flechas
hacia lo alto.

miércoles, 29 de marzo de 2017

La soñadora


Perdida, sola,
en mis propios sueños.
Soñando el hoy
y soñando el mañana.
Esperando, sola,
en mi propia espera
que me vengas a despertar
con un beso.


Vittorio Corcos, 'Sogni' 1896

miércoles, 22 de marzo de 2017

Luz



Ahí fuera, el mundo
es gris,
frío, 
vacío 
y oscuro.
Y, aquí dentro,
el mundo es azul,
cambiante,
como si mirara
desde el fondo del mar
hacia la superficie,
por la que se filtra
un rayo de luz.

martes, 21 de marzo de 2017

Poesía



Poesía es lo que queda
cuando no estás conmigo
y, sin embargo, siento
tus dedos en mi pelo,
tus labios en mi boca 
y tus ojos en los míos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

El gato en la caja.



Había una vez una caja cerrada, donde no entraba la luz. Y dentro de aquella caja había un pequeño gato.
Siempre, desde que el pequeño gato podía recordar, había estado dentro de la oscuridad, en aquella caja oscura. Y como él mismo era negro, no sabía nada ni aún de sí mismo, ya que se confundía con la propia oscuridad, ni de lo que le rodeaba.
Eso no era completamente cierto. Si bien no podía ver, sus agudos sentidos, el tacto, el olfato, el oído, le decían que había algo más que aquella caja, dentro de la caja y fuera de la caja. Y tuvo el deseo de saber qué era aquello y, con mucho esfuerzo, de alguna forma logró proyectarse en el exterior. Y quedó cegado por una luz brillante. Así que bizqueó y guiñó durante un rato y por fin pudo ver a su alrededor.
Era un amplio pálido mundo, y había gatos por todas partes. 
El pequeño gato negro, o mejor dicho, el reflejo del pequeño gato negro los miró y observó y deseó poder mezclarse con ellos. Pero, bien fuera por haber permanecido dentro de la caja o por otra razón, se encontró con que no sabía como hacerlo. Así que los miró más y observó más y aprendió las convenciones sociales, los saludos y las conversaciones intrascendentes; en resumen, las respuestas adecuadas. Y todos creyeron que era un gato como cualquier otro cuando sólo era el reflejo de uno.
Y el pequeño gato negro ronroneó dentro de su caja.

jueves, 9 de marzo de 2017

Flechazo



Si un día me preguntas
diré que fue un flechazo,
que perdí el corazón
así, a primera vista,
aunque hacía ya tanto,
tanto que no recuerdo
cuando nos conocimos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

domingo, 5 de marzo de 2017

Sin invitación



Te deslizas,
de repente,
en mis sueños:
tu abrazo no sentido
me envuelve,
me entibia la boca
y me hace palpitar
el corazón.

martes, 28 de febrero de 2017

Impaciencia


Dejar correr la arena
entre los dedos,
dejar correr el agua
sobre los labios.
Impaciente,
espero,
otra vez,
la luna llena.

domingo, 26 de febrero de 2017

Matar a la marmota



La vida imita al arte, dicen. Al séptimo, para ser más exactos.

A veces, la mejor forma de explicar lo que pasa es referirse al guión de una película. En este caso podría tratarse de Atrapado en el tiempo, esa parte en la que Bill Murray se decide por el suicidio cuando se harta de repetir una y otra vez el Día de la Marmota.
Y es que llega un momento en el que lo ves venir. Así, sin anestesia ni nada. Lo ves venir, sabes lo que pasará y te aferras a la esperanza de que, a lo mejor, esta vez te estás equivocando y todo saldrá bien. Y, al final, lo único que consigues es volver a la casilla de salida, con la sensación de que has perdido algo. Y ni siquiera queda el consuelo de haber aprendido de la experiencia. Porque algo, dentro de ti, te dice que la próxima vez volverá a ocurrir lo mismo. 
Lo único que puedes hacer es agarrar a la marmota y lanzarte con ella por el precipicio más cercano lo más rápidamente posible. En la segunda cita, a más tardar. Y decir "Muchas gracias, pero no", sin dar muchos detalles. Y esperar a que Sonny y Cher vuelvan a cantar I got you, babe, el comienzo de un nuevo mismo día.

martes, 21 de febrero de 2017

Noche



La gata
adormecida, 
dentro de mi pecho,
se despereza
en un maullido mudo
y araña
el corazón.

martes, 14 de febrero de 2017

Olvido


Hubo días
en los que caminaba
prendida en tu sombra,
mi mano en la tuya,
mientras mis sentimientos
trisaban en vuelo,
como las golondrinas
en rededor. 

sábado, 11 de febrero de 2017

Bandera


A veces, he bordado una bandera,
en colores brillantes,
esperando la última puntada
para verla ondear.
Y sólo el viento
la ha querido hacer suya.




'Stitching the Standard' - Edmund Blair Leighton (1853-1922), detalle.

lunes, 6 de febrero de 2017

Nombre


Simplemente,
me asalta
el deseo de pronunciar
tu nombre.
Y lo digo, 
bajito,
susurrando,
para que nadie lo escuche.
Ni siquiera yo.

domingo, 5 de febrero de 2017

viernes, 3 de febrero de 2017

El otro


La persona 
que es sólo para mí,
la que yo busco,
o quizás la he encontrado
sin saberlo.
Esa a la que, algún día,
confiaré secretos
que ni aún yo misma
me cuento.
La que me necesite.
La que yo necesito.
Quizás me la he cruzado
o quizá nunca llegue.

martes, 31 de enero de 2017

Beso robado



Yo tenía 19 años. Lo mismo hubiera dado que tuviera 14: la misma inexperiencia, la misma timidez. Todavía estaba unida a mi antiguo colegio, a pesar de ser universitaria. Sobre todo, me unía ser parte del coro. Y el coro era mi vida, porque en el coro estaba él.
Decir que cada vez que le veía se me paraba el corazón no se ajusta a la intensidad del amor, el primer amor, que sentía por él. No sólo era el primero, sino también un amor imposible, lo que lo convertía en un objeto precioso y doloroso a partes iguales. Una siempre ha tenido un puntito de masoquista, a decir verdad. El hecho de que fuera un amor no correspondido no me preocupaba en absoluto, porque, a decir verdad, tampoco esperaba ser correspondida. Jamás se me hubiera ocurrido que él podría tener hacia mí un interés amoroso. ¿Como iba a fijarse aquel dios griego con sus preciosos ojos verdes y su maravillosa voz de barítono, que me hacía estremecer cuando pronunciaba mi nombre, en mí, pobre criatura sin ninguna gracia? Para rematar el asunto, durante tres años, los años del bachillerato, había sido mi profesor.
El coro lo había formado la profesora de música, Elvira, a la que llamábamos La Santa Inquisición porque había sido monja y todavía tenía maneras, como cuando nos tiraba a la cabeza el diapasón cuando nos reíamos en los ensayos, aunque con tan mala puntería que no daba nunca a nadie. Lo que comenzó siendo una actividad extraescolar se convirtió en una pasión para los que lo componíamos, alumnos y profesores. Y mi pasión privada, pequeñita, se acrecentó cuando él se unió. Y como era barítono y yo mezzosoprano, su sitio estaba justo detrás del mío. Y como él tenía un ánimo juguetón, siempre me tiraba del pelo, o se apoyaba en mí para leer las partituras. Y yo me sonrojaba, sintiendo su brazo sobre mi hombro, su aliento, el olor de su colonia. Era una tortura por la que me hubiera dejado matar.
Pero nada dura para siempre. Y llegó aquel diciembre en el que, tras participar en el concurso de villancicos, el coro se disolvería y se refundaría en otros dos, por problemas que no vienen al caso, y yo no estaba interesado en participar en ninguno. Así que apuré aquellos días de ensayos últimos, disfrutando cada momento a su lado, sabiendo que era muy difícil que volviéramos a estar juntos de aquella manera.
El concurso terminó. Habíamos ganado y fuimos a celebrarlo. Atestamos un bar cercano al teatro, se pidieron cervezas y raciones y comimos y bebimos juntos por última vez. 
Por fin, llegó la hora de despedirse. Salimos todos juntos al frío aire invernal y nos abrazamos unos a otros, nos dimos las manos... Cuando quise darme cuenta, estaba en sus brazos, se despedía de mí con un beso en la mejilla. No sé si fue la cerveza o la desesperación, pero cuando su rostro se acercó al mío tiré de su corbata y le planté un beso en los labios. 
Ni siquiera se inmutó. Me miró sonriente y me dio un golpecito en la cabeza con la palma de la mano. Como a una niña.



domingo, 29 de enero de 2017

Llueve



Llueve, y la calle
se vuelve bulliciosa
con la gente que corre,
o comparte un paraguas,
mientras que yo los miro
debajo del alero,
sin sentir, ni siquiera
una salpicadura.

domingo, 22 de enero de 2017

Tempus fugit


Estaría bien
ser joven e inocente,
otra vez,
como en aquellos días
en que pensar en tu mano,
tu simple mano en la mía,
me hacía enrojecer.

Ventana


Estoy ahí. 
¿No ves mi silueta,
a contraluz,
en la ventana?
¿No ves mi mano,
extendida,
hacia tu corazón?
Soy un fantasma.


miércoles, 18 de enero de 2017

Confesión.


Yo no soy como tú piensas.
Yo soy un páramo helado
y, bajo el hielo, espinas
y ninguna rosa.




Espina



Guardé mi corazón 
mientras sanaba,
y me olvidé de él
mientras te olvido.
Y, sin embargo, 
siento aquí una herida.
(No sé porqué me duele,
si ya no está la espina)

martes, 17 de enero de 2017

domingo, 15 de enero de 2017

Bocado





Quizás tengo en mi contra
el transcurso del tiempo,
la edad (que no perdona),
y también a la báscula.
Pero aún me quedan ganas
de morder la manzana.

miércoles, 11 de enero de 2017

Luces


Muy despacio, sin prisas,
voy enrollando 
las luces de colores
que he bajado del árbol.
Quizás fuera más fácil
hacer una maraña,
enredando los hilos,
(que es lo que me pide
mi naturaleza anárquica).

jueves, 5 de enero de 2017

Garabato



La mano que escribía garabatos
en la carta a los Reyes,
hace años,
es la misma que hoy escribe,
sin pausa,
sin prisa,
enumerando deseos,
con la misma ilusión.



domingo, 1 de enero de 2017

Uno



Blanca de escarcha,
pentagrama de niebla,
la telaraña.


(A propuesta de una amiga, Patricia, de Facebook, voy a intentar cumplir el reto de llenar cada uno de los próximos 364 días, más el de hoy, con poesía. Pido perdón por adelantado :P )

jueves, 29 de diciembre de 2016

Corazón




Espérame,
como yo te he esperado:
en una línea 
discontinua,
con abrazos ajenos,
y lágrimas propias.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Vida


No pidas quid pro quo.
Unas veces damos
más de lo que tenemos,
y otras recibimos
sin dar compensaciones.
La vida es un camino,
estrecho,
arbolado,
oscuro,
iluminado a ratos,
en el que crecen charcos
y también nomeolvides.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Pagafantas



Había sido una escena del crimen como otra cualquiera de las que había visto el inspector Torres hasta que el sargento Bermúdez, inclinado sobre uno de los cuerpos, había comentado:
-          Nadie lo diría a primera vista, pero la chica no es una chica, es un neumático.
Torres miró más detenidamente el “cadáver”. Ahora percibió las sutiles diferencias del cabello y la piel con los de un ser humano: un tenue resplandor que un cuerpo muerto no tendría, la falta de rigidez en las extremidades. El operario forense lo movió, dejándolo boca arriba, los ojos abiertos de par de par, ojos azules que, cuando retiró las lentillas, se volvieron dorados, constatando que era un “neumático”, nombre popular que se daba a los robots.
-         ¿Qué ha ocurrido aquí? – se preguntó el inspector en voz alta. No esperaba una respuesta, pero el sargento, mientras inspeccionaba la herida del muerto, contestó, señalando la escena para dar más énfasis a su teoría.
-         Creo…  Él estaba sentado a la mesa, ella, bueno, el neumático, estaba a su lado, de pie. Él se levantó de pronto, tirando la silla, y la golpeó en la cabeza con la botella. Siguió con los golpes durante un rato, de rodillas sobre el cuerpo; luego se puso en pie y se apoyó en el aparador. Sacó la pistola, le disparó en la cabeza y luego se pegó un tiro.
Torres asintió, distraídamente. No tenía dudas sobre el relato de los hechos que Bermúdez había hecho. Lo que había querido preguntar era el trasfondo de lo ocurrido, qué llevaba a un hombre joven a destruir un robot por el que se había preocupado tanto como para personalizarlo a su gusto, y luego suicidarse. Se volvió a los técnicos y alzó la voz.
-         Está claro, sí. Les dejo que terminen su trabajo. Bermúdez, si quiere le acerco a comisaría, no tenemos nada que hacer aquí.

Pasó toda la tarde intranquilo, rumiando la escena del “no-asesinato/suicidio” de la mañana, como la había llamado el sargento en un raro momento de humor. Se habían escrito los informes, se había dado por archivado el caso y, sin embargo, no estaba satisfecho. Era una de las escasas veces en su carrera en la que la motivación le interesaba más que el hecho.
Por fin, con los dedos doloridos de tamborilear en la mesa mientras buscaba una respuesta, se dirigió al departamento  técnico, en uno de los pisos bajos del edificio. Llamó y le respondió una mujer, a la que le explicó sus dudas. Llevaba consigo una copia del expediente del muerto y la técnico le echó un vistazo. Al ver el nombre en el encabezamiento, hizo un gesto de pesar que sorprendió a Torres.
-         Le conocía, ¿sabe? Estudiamos juntos la secundaria. – Dijo ella, a modo de explicación, y él asintió. La mujer desapareció unos minutos en el almacén del laboratorio, para regresar con el robot femenino, que había sido recogido como prueba. Envuelto en plástico y sobre una camilla, daba toda la impresión de ser un auténtico cadáver, otra vez, tanto que ambos comenzaron a hablar en susurros.
-         ¿Cree usted que podríamos saber lo que ocurrió antes de que fuera destruida? ,- la técnico asintió.
-         Este modelo no es muy reciente, lleva tarjeta de memoria que podemos leer con un dispositivo común. Los más modernos descargan sus datos en la nube, para acceder a ellos se necesita una clave. Así que sí, si la tarjeta no fue muy dañada, claro.

Bajo el cabello artificial, de un rubio subido y con un corte de pelo sofisticado, se accedía a un puerto en el que se alojaba el “cerebro” del robot. La tarjeta no había recibido daños y la técnico tardó muy poco en leerla en uno de los ordenadores de la sala. En el monitor aparecieron distintas carpetas que almacenaban la información de las funciones del androide, pero la que les interesaba era una que había sido renombrada como Recuerdos. Dentro había una recopilación de vídeos, ordenados cronológicamente. Por un momento, los investigadores dudaron sobre cuál abrir.
-          ¿Quiere ver el último o…?
-          Abra uno al azar, por favor.
En el monitor apareció, viva y sonriente, la imagen del propietario del robot. Estaban viendo lo mismo que veían los ojos artificiales.
-         Hola, preciosa, - decía el difunto, - ¿has dormido bien? ,  - “Debía dejarla hibernando para ahorrar energía”, - murmuró la técnico. En la pantalla se sucedían las imágenes, un poco distorsionadas y confusas, en las que el muerto hablaba por los codos sobre sí mismo y las circunstancias de su vida que cambiarían con el robot. Probaron con otros vídeos, en todos sucedía más o menos lo mismo, aunque era evidente que el androide estaba siendo programado poco a poco por su dueño.
-         Creo que pretendía convertirla en su pareja, - dijo la técnico. En su rostro se dibujó una sonrisa despectiva. – Pobre. Siempre se fijaba en ese tipo de mujer. Esas que nunca se fijarían en él. Pobre. – Repitió, y se puso colorada. Ante la mirada estupefacta del inspector, bajó los ojos y añadió: - A mí me gustaba, en aquella época pero, claro, nunca se hubiera fijado en mí.
Torres pensó que era bajita y atractiva, y que la forma en la que le caía un mechón de cabello oscuro sobre los ojos era un placer para la vista. Y se ruborizó a su vez. Ambos permanecieron en silencio unos instantes, que él rompió para pedirle que pusiera el último vídeo. La escena era la misma, la misma habitación, la misma conversación, o, mejor dicho, el mismo monólogo. El suicida se sentaba a la mesa, como había adivinado el sargento, y comía algo precocinado ante la mirada impasible del robot. De repente, la voz ligeramente metálica del androide había pronunciado el nombre de su dueño. Él la miró, entre sorprendido y esperanzado.
-         Lo siento. No eres tú. Soy yo. – Había añadido la máquina, dejando pasmado por un momento a su interlocutor. Luego, la expresión de él se transformó en ira y furia. El inspector pidió a su compañera que parase la grabación. Ya sabía lo que iba a ocurrir después. Hubo otro silencio mientras la mujer apagaba los monitores y recogía las pruebas. Escribió un escueto informe bajo la mirada de Torres, que firmó al final y se miró el reloj.
-         Ya es más que hora de irse a casa. ¿Le apetecería cenar conmigo? – Durante la cena, ambos se sintieron a gusto en compañía del otro. Algo había salido bien de aquel caso, pensó él, al acompañarla a casa. Al despedirse, en el portal, lo comentó con ella, y el gesto de la mujer volvió a mostrar una mezcla de pena  y guasa.

-         Pobre. – Repitió. – Después de todo, hasta el final ha sido un pagafantas.