martes, 21 de febrero de 2017

Noche



La gata
adormecida, 
dentro de mi pecho,
se despereza
en un maullido mudo
y araña
el corazón.

martes, 14 de febrero de 2017

Olvido


Hubo días
en los que caminaba
prendida en tu sombra,
mi mano en la tuya,
mientras mis sentimientos
trisaban en vuelo,
como las golondrinas
en rededor. 

sábado, 11 de febrero de 2017

Bandera


A veces, he bordado una bandera,
en colores brillantes,
esperando la última puntada
para verla ondear.
Y sólo el viento
la ha querido hacer suya.




'Stitching the Standard' - Edmund Blair Leighton (1853-1922), detalle.

lunes, 6 de febrero de 2017

Nombre


Simplemente,
me asalta
el deseo de pronunciar
tu nombre.
Y lo digo, 
bajito,
susurrando,
para que nadie lo escuche.
Ni siquiera yo.

domingo, 5 de febrero de 2017

viernes, 3 de febrero de 2017

El otro


La persona 
que es sólo para mí,
la que yo busco,
o quizás la he encontrado
sin saberlo.
Esa a la que, algún día,
confiaré secretos
que ni aún yo misma
me cuento.
La que me necesite.
La que yo necesito.
Quizás me la he cruzado
o quizá nunca llegue.

martes, 31 de enero de 2017

Beso robado



Yo tenía 19 años. Lo mismo hubiera dado que tuviera 14: la misma inexperiencia, la misma timidez. Todavía estaba unida a mi antiguo colegio, a pesar de ser universitaria. Sobre todo, me unía ser parte del coro. Y el coro era mi vida, porque en el coro estaba él.
Decir que cada vez que le veía se me paraba el corazón no se ajusta a la intensidad del amor, el primer amor, que sentía por él. No sólo era el primero, sino también un amor imposible, lo que lo convertía en un objeto precioso y doloroso a partes iguales. Una siempre ha tenido un puntito de masoquista, a decir verdad. El hecho de que fuera un amor no correspondido no me preocupaba en absoluto, porque, a decir verdad, tampoco esperaba ser correspondida. Jamás se me hubiera ocurrido que él podría tener hacia mí un interés amoroso. ¿Como iba a fijarse aquel dios griego con sus preciosos ojos verdes y su maravillosa voz de barítono, que me hacía estremecer cuando pronunciaba mi nombre, en mí, pobre criatura sin ninguna gracia? Para rematar el asunto, durante tres años, los años del bachillerato, había sido mi profesor.
El coro lo había formado la profesora de música, Elvira, a la que llamábamos La Santa Inquisición porque había sido monja y todavía tenía maneras, como cuando nos tiraba a la cabeza el diapasón cuando nos reíamos en los ensayos, aunque con tan mala puntería que no daba nunca a nadie. Lo que comenzó siendo una actividad extraescolar se convirtió en una pasión para los que lo componíamos, alumnos y profesores. Y mi pasión privada, pequeñita, se acrecentó cuando él se unió. Y como era barítono y yo mezzosoprano, su sitio estaba justo detrás del mío. Y como él tenía un ánimo juguetón, siempre me tiraba del pelo, o se apoyaba en mí para leer las partituras. Y yo me sonrojaba, sintiendo su brazo sobre mi hombro, su aliento, el olor de su colonia. Era una tortura por la que me hubiera dejado matar.
Pero nada dura para siempre. Y llegó aquel diciembre en el que, tras participar en el concurso de villancicos, el coro se disolvería y se refundaría en otros dos, por problemas que no vienen al caso, y yo no estaba interesado en participar en ninguno. Así que apuré aquellos días de ensayos últimos, disfrutando cada momento a su lado, sabiendo que era muy difícil que volviéramos a estar juntos de aquella manera.
El concurso terminó. Habíamos ganado y fuimos a celebrarlo. Atestamos un bar cercano al teatro, se pidieron cervezas y raciones y comimos y bebimos juntos por última vez. 
Por fin, llegó la hora de despedirse. Salimos todos juntos al frío aire invernal y nos abrazamos unos a otros, nos dimos las manos... Cuando quise darme cuenta, estaba en sus brazos, se despedía de mí con un beso en la mejilla. No sé si fue la cerveza o la desesperación, pero cuando su rostro se acercó al mío tiré de su corbata y le planté un beso en los labios. 
Ni siquiera se inmutó. Me miró sonriente y me dio un golpecito en la cabeza con la palma de la mano. Como a una niña.



domingo, 29 de enero de 2017

Llueve



Llueve, y la calle
se vuelve bulliciosa
con la gente que corre,
o comparte un paraguas,
mientras que yo los miro
debajo del alero,
sin sentir, ni siquiera
una salpicadura.

domingo, 22 de enero de 2017

Tempus fugit


Estaría bien
ser joven e inocente,
otra vez,
como en aquellos días
en que pensar en tu mano,
tu simple mano en la mía,
me hacía enrojecer.

Ventana


Estoy ahí. 
¿No ves mi silueta,
a contraluz,
en la ventana?
¿No ves mi mano,
extendida,
hacia tu corazón?
Soy un fantasma.


miércoles, 18 de enero de 2017

Confesión.


Yo no soy como tú piensas.
Yo soy un páramo helado
y, bajo el hielo, espinas
y ninguna rosa.




Espina



Guardé mi corazón 
mientras sanaba,
y me olvidé de él
mientras te olvido.
Y, sin embargo, 
siento aquí una herida.
(No sé porqué me duele,
si ya no está la espina)

martes, 17 de enero de 2017

domingo, 15 de enero de 2017

Bocado





Quizás tengo en mi contra
el transcurso del tiempo,
la edad (que no perdona),
y también a la báscula.
Pero aún me quedan ganas
de morder la manzana.

miércoles, 11 de enero de 2017

Luces


Muy despacio, sin prisas,
voy enrollando 
las luces de colores
que he bajado del árbol.
Quizás fuera más fácil
hacer una maraña,
enredando los hilos,
(que es lo que me pide
mi naturaleza anárquica).

jueves, 5 de enero de 2017

Garabato



La mano que escribía garabatos
en la carta a los Reyes,
hace años,
es la misma que hoy escribe,
sin pausa,
sin prisa,
enumerando deseos,
con la misma ilusión.



domingo, 1 de enero de 2017

Uno



Blanca de escarcha,
pentagrama de niebla,
la telaraña.


(A propuesta de una amiga, Patricia, de Facebook, voy a intentar cumplir el reto de llenar cada uno de los próximos 364 días, más el de hoy, con poesía. Pido perdón por adelantado :P )

jueves, 29 de diciembre de 2016

Corazón




Espérame,
como yo te he esperado:
en una línea 
discontinua,
con abrazos ajenos,
y lágrimas propias.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Vida


No pidas quid pro quo.
Unas veces damos
más de lo que tenemos,
y otras recibimos
sin dar compensaciones.
La vida es un camino,
estrecho,
arbolado,
oscuro,
iluminado a ratos,
en el que crecen charcos
y también nomeolvides.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Pagafantas



Había sido una escena del crimen como otra cualquiera de las que había visto el inspector Torres hasta que el sargento Bermúdez, inclinado sobre uno de los cuerpos, había comentado:
-          Nadie lo diría a primera vista, pero la chica no es una chica, es un neumático.
Torres miró más detenidamente el “cadáver”. Ahora percibió las sutiles diferencias del cabello y la piel con los de un ser humano: un tenue resplandor que un cuerpo muerto no tendría, la falta de rigidez en las extremidades. El operario forense lo movió, dejándolo boca arriba, los ojos abiertos de par de par, ojos azules que, cuando retiró las lentillas, se volvieron dorados, constatando que era un “neumático”, nombre popular que se daba a los robots.
-         ¿Qué ha ocurrido aquí? – se preguntó el inspector en voz alta. No esperaba una respuesta, pero el sargento, mientras inspeccionaba la herida del muerto, contestó, señalando la escena para dar más énfasis a su teoría.
-         Creo…  Él estaba sentado a la mesa, ella, bueno, el neumático, estaba a su lado, de pie. Él se levantó de pronto, tirando la silla, y la golpeó en la cabeza con la botella. Siguió con los golpes durante un rato, de rodillas sobre el cuerpo; luego se puso en pie y se apoyó en el aparador. Sacó la pistola, le disparó en la cabeza y luego se pegó un tiro.
Torres asintió, distraídamente. No tenía dudas sobre el relato de los hechos que Bermúdez había hecho. Lo que había querido preguntar era el trasfondo de lo ocurrido, qué llevaba a un hombre joven a destruir un robot por el que se había preocupado tanto como para personalizarlo a su gusto, y luego suicidarse. Se volvió a los técnicos y alzó la voz.
-         Está claro, sí. Les dejo que terminen su trabajo. Bermúdez, si quiere le acerco a comisaría, no tenemos nada que hacer aquí.

Pasó toda la tarde intranquilo, rumiando la escena del “no-asesinato/suicidio” de la mañana, como la había llamado el sargento en un raro momento de humor. Se habían escrito los informes, se había dado por archivado el caso y, sin embargo, no estaba satisfecho. Era una de las escasas veces en su carrera en la que la motivación le interesaba más que el hecho.
Por fin, con los dedos doloridos de tamborilear en la mesa mientras buscaba una respuesta, se dirigió al departamento  técnico, en uno de los pisos bajos del edificio. Llamó y le respondió una mujer, a la que le explicó sus dudas. Llevaba consigo una copia del expediente del muerto y la técnico le echó un vistazo. Al ver el nombre en el encabezamiento, hizo un gesto de pesar que sorprendió a Torres.
-         Le conocía, ¿sabe? Estudiamos juntos la secundaria. – Dijo ella, a modo de explicación, y él asintió. La mujer desapareció unos minutos en el almacén del laboratorio, para regresar con el robot femenino, que había sido recogido como prueba. Envuelto en plástico y sobre una camilla, daba toda la impresión de ser un auténtico cadáver, otra vez, tanto que ambos comenzaron a hablar en susurros.
-         ¿Cree usted que podríamos saber lo que ocurrió antes de que fuera destruida? ,- la técnico asintió.
-         Este modelo no es muy reciente, lleva tarjeta de memoria que podemos leer con un dispositivo común. Los más modernos descargan sus datos en la nube, para acceder a ellos se necesita una clave. Así que sí, si la tarjeta no fue muy dañada, claro.

Bajo el cabello artificial, de un rubio subido y con un corte de pelo sofisticado, se accedía a un puerto en el que se alojaba el “cerebro” del robot. La tarjeta no había recibido daños y la técnico tardó muy poco en leerla en uno de los ordenadores de la sala. En el monitor aparecieron distintas carpetas que almacenaban la información de las funciones del androide, pero la que les interesaba era una que había sido renombrada como Recuerdos. Dentro había una recopilación de vídeos, ordenados cronológicamente. Por un momento, los investigadores dudaron sobre cuál abrir.
-          ¿Quiere ver el último o…?
-          Abra uno al azar, por favor.
En el monitor apareció, viva y sonriente, la imagen del propietario del robot. Estaban viendo lo mismo que veían los ojos artificiales.
-         Hola, preciosa, - decía el difunto, - ¿has dormido bien? ,  - “Debía dejarla hibernando para ahorrar energía”, - murmuró la técnico. En la pantalla se sucedían las imágenes, un poco distorsionadas y confusas, en las que el muerto hablaba por los codos sobre sí mismo y las circunstancias de su vida que cambiarían con el robot. Probaron con otros vídeos, en todos sucedía más o menos lo mismo, aunque era evidente que el androide estaba siendo programado poco a poco por su dueño.
-         Creo que pretendía convertirla en su pareja, - dijo la técnico. En su rostro se dibujó una sonrisa despectiva. – Pobre. Siempre se fijaba en ese tipo de mujer. Esas que nunca se fijarían en él. Pobre. – Repitió, y se puso colorada. Ante la mirada estupefacta del inspector, bajó los ojos y añadió: - A mí me gustaba, en aquella época pero, claro, nunca se hubiera fijado en mí.
Torres pensó que era bajita y atractiva, y que la forma en la que le caía un mechón de cabello oscuro sobre los ojos era un placer para la vista. Y se ruborizó a su vez. Ambos permanecieron en silencio unos instantes, que él rompió para pedirle que pusiera el último vídeo. La escena era la misma, la misma habitación, la misma conversación, o, mejor dicho, el mismo monólogo. El suicida se sentaba a la mesa, como había adivinado el sargento, y comía algo precocinado ante la mirada impasible del robot. De repente, la voz ligeramente metálica del androide había pronunciado el nombre de su dueño. Él la miró, entre sorprendido y esperanzado.
-         Lo siento. No eres tú. Soy yo. – Había añadido la máquina, dejando pasmado por un momento a su interlocutor. Luego, la expresión de él se transformó en ira y furia. El inspector pidió a su compañera que parase la grabación. Ya sabía lo que iba a ocurrir después. Hubo otro silencio mientras la mujer apagaba los monitores y recogía las pruebas. Escribió un escueto informe bajo la mirada de Torres, que firmó al final y se miró el reloj.
-         Ya es más que hora de irse a casa. ¿Le apetecería cenar conmigo? – Durante la cena, ambos se sintieron a gusto en compañía del otro. Algo había salido bien de aquel caso, pensó él, al acompañarla a casa. Al despedirse, en el portal, lo comentó con ella, y el gesto de la mujer volvió a mostrar una mezcla de pena  y guasa.

-         Pobre. – Repitió. – Después de todo, hasta el final ha sido un pagafantas.

martes, 13 de diciembre de 2016

Mensaje en una botella



Sentimientos 
que se lanzan a las olas, 
sin saber
si llegarán seguros
a su destinatario,
o quedarán varados
en una playa lejana,
o sumergidos
en un mar de tristeza.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Humo



Es la primera vez que vengo a este bar. No reconozco la decoración; las paredes están pintadas con colores claros, y hay vigas de madera envejecida, y, colgadas entre ellas, ilustraciones de algún libro que me recuerdan algo, pero que veo difuminadas y borrosas.
En la mesa, frente a mí, hay un café cortado en una taza blanca, con un bombón en el platillo, y puedo sentir el aroma del chocolate que se derrite. Levanto los ojos y me encuentro con la mirada de los suyos, esa forma de mirar que sólo tiene él. Amable, cariñosa. Me hace sentir bien y querida, y, por alguna razón, me hace sentir triste, muy triste.
Aparta sus ojos un momento para encender un cigarrillo, y el humo nos separa un momento, una cortina leve entre él y yo, y cuando vuelve a mirarme ve mi gesto de contrariedad.
- No pasa nada, no te preocupes. Después de todo, lo mío ha sido un linfoma, - dice, con una sonrisa, y añade, mientras me despierto entre lágrimas, - y esto no es más que un sueño.


viernes, 28 de octubre de 2016

Cumpleaños




Ese trocito, pequeño,
que antes fue flama y hoy apenas brasa,
el pedacito del corazón
que un día fue tuyo,
hoy se enciende,
se llena de luces,
te celebra,
porque es tu cumpleaños,
y algunas cosas no se olvidan.

jueves, 20 de octubre de 2016

Duelo


Eran las mañanas
del olor a libro viejo,
del Rastro 
y la Cuesta de Moyano,
que, en primavera,
se perfumaban de exotismo.
Al mediodía
comíamos cerezas
resguardados del sol levantino
en las tapias del cementerio.
A la puesta de sol,
desde la balaustrada del Duino,
nos asomábamos
para ver las olas y la espuma 
que salpica la Dama Blanca.
Un día, no sé cuando,
volveremos a vernos
y hablaremos de poesía
y de la suma belleza.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Siempre




Siempre
el mismo deseo:
intangible
indeleble,
inalcanzable,
impredecible.
Un rayo de luna
en mi corazón.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Otoño



Busco
en el desván de la memoria, 
revolviendo lo olvidado
con lo presente.
Como todos los otoños,
una parte de mí desea,
como desean las golondrinas sus caminos
de cielos más azules y cálidos;
una parte de mí busca.
Una parte de mí se aleja.
Una parte de mí regresa.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Será verano




Llegarán
el tiempo de las lluvias, 
y el tiempo de la helada.
Llegarán los días,
dedos azules y aliento blanco,
de la nieve y el cierzo
silbando entre las ramas.
Pero antes de eso,
antes de las nieblas doradas sobre el río,
antes de la primera hoja caída,
mientras calienta,
como en esta noche, ardiente,
flama en mi corazón,
será verano
y estará conmigo.

jueves, 18 de agosto de 2016

Nocturno


Brilla, la Luna,
gentil, sobre el agua.
Pasa Agosto, rápido,
como un sorbo de vino,
calentando, deprisa,
el ánimo y el corazón.
Sigue el tiempo su curso,
corre el río de los días,
los meses y los años,
alejándome,
alejándote.
Sigo mi camino,
como una gata
vagabunda.

lunes, 1 de agosto de 2016

Un cuento corto


Como en los cuentos, 
era todo mentira:
abalorios y oropel
en lugar de joyas;
no hubo flores, ni canciones, 
ni baile real.
La princesa,
botas bien calzadas
en lugar de zapatos
de cristal;
un corazón indómito
y una fiera a los pies.
¿Y el príncipe?
Como en los cuentos,
en realidad, el príncipe
era una calabaza. 

lunes, 18 de julio de 2016

Nombres


Llaves que encajan
en la memoria,
abriendo cerraduras:
amigos, personajes
que viven en los libros;
amantes
que dejamos atrás.
Mascotas, conocidos.
Cualquier ser amable
que, alguna vez,
pintó una sonrisa
en el ánimo nublado.
Susurros 
en duermevela,
y en las oraciones.
Y puñaladas,
tan repentinas,
que todavía duelen.

sábado, 16 de julio de 2016

Nada





Hay un momento
para el recuerdo.
Hay un momento
para el olvido.
Y hay un momento
para la nada.

miércoles, 13 de julio de 2016

Entre los dos


Entre tú y yo hay, 
quizás,
tormentas y naufragios.
Quizás sean los restos
que el mar lanza a la playa
lo que hay,
solo eso,
entre nosotros.

domingo, 10 de julio de 2016

Guardarropa


Yo decido
cómo me visto,
sin injerencias
externas.
Cada día, según deseo,
me dibujo
una sonrisa
o libero
a la fiera
que dormita
al fondo del armario.

lunes, 27 de junio de 2016

Libre




Soy velero,
porque una vez fui puerto.
Soy ola,
porque una vez fui roca.
Soy el aire,
la mariposa,
la cometa.


domingo, 26 de junio de 2016

Medianoche



Voy. Vengo. 
Sé quien soy
y porqué no me ves.
Me detengo
al atravesar la calle,
y dejo que cruce
la muchedumbre.
Soy la misma,
la lejana.
La que no importa.
La importante.


jueves, 23 de junio de 2016

Noche de San Juan



Caminamos,
uno al lado del otro,
envueltos en silencio
y en olor a tomillo.
La noche, (¡tan corta!),
se iba haciendo eterna
en el deseo de mi mano
de sostener la tuya.
Fue la Luna, velada,
la que iluminó, de pronto,
el camino escondido,
pero, para los míos,
no hubo más luz que la de tus ojos,
ni más hoguera
que la que ardió en mi pecho
al calor de tus besos.









Loto


Deja que flote
entre tu duermevela
y tu deseo.