martes 10 de enero de 2012
Año Nuevo
domingo 13 de noviembre de 2011
Lo mío, lo tuyo...
lunes 17 de octubre de 2011
Ansiedad
lunes 12 de septiembre de 2011
Premio Destellos brillantes en el cielo azul.
Normas por ser premiado:
1. Publicar en el blog una entrada en la que se anuncie lo siguiente.> El nombre de la persona que te ha premiado y el enlace de su blog.> Premiar a seis personas cuyos blogs te hayan parecido buenos, dejando su nombre y el enlace del blog y no premiar a nadie que ya haya recibido el premio.
> Especificar en la entrada que hay que anunciar todas las normas cada vez que se premie a alguien.> Colocar la imagen del premio en la entrada.
> Contar tu mayor sueño.2. Si no se acepta el premio se debe avisar a la persona que te premió (o sea, a moi) para que pueda premiar a otro.
jueves 4 de agosto de 2011
En las profundidades

lunes 1 de agosto de 2011
Haiku

o romperlo en pedazos.
Mio. Mi corazón.
domingo 31 de julio de 2011
Secreto

No les he contando nada de ESTO, de mi otro yo, o de mi yo, de la que soy. Ninguno conoce mi secreto. Así tiene que ser. Hay cosas que sólo se comparten con algunos, con vosotros, que me podéis entender. Para ellos, Alawen no existe.
Se han marchado casi en tropel, como si tuvieran prisa por volver a sus vidas. Todos han sugerido que deberíamos reunirnos más a menudo. Yo me he limitado a sonreír. No podría soportar una reunión como ésta cada mes. No sé de qué podría hablar con ellos, cuando se acabaran los recuerdos...
El último en salir ha sido S. Como siempre, él ha puesto la nota de humor, trayéndome una caja enorme de Ferrero Rocher de esos versión verano, que todos saben que odio. La carcajada ha sido unánime al ver la expresión de mi cara al desembalarla del bonito papel en que venía envuelta. En la puerta, me ha hecho reír otra vez, se ha reído también y luego se ha puesto serio. Cuando le he abrazado para despedirme, me ha estrechado muy fuerte contra sí y me ha besado, en la mejilla, deteniéndose un momento, para dejar resbalar sus labios hacia los míos. Durante una fracción de segundo, como en el mundo de Matrix, el tiempo se ha detenido, han pasado un millón de pensamientos por mi mente, y he bajado la cabeza, para no hacerle sentir mal apartándome. Me ha tenido junto a él, su barbilla en mi frente, y creo que ha sonreído antes de decirme adiós y dejarme detrás de la puerta, con una sensación agridulce, como de traidora de película; me han dado ganas de decirle que era por su bien, que sólo soy un recuerdo amable al que aferrarse, que no tengo corazón...
viernes 29 de julio de 2011
Mi ángel
miércoles 27 de julio de 2011
Letras sueltas... (2)
Miro el mar, que se encrespa y barre la playa, helando mi corazón, y no tengo ganas de otra cosa que de estar entre tus brazos. Y la sal del mar se confunde con mis lágrimas.
Tantos buenos propósitos que se quedan en nada con el simple hecho de sentir tu aliento en mi mejilla. A mis ruegos, Dios te ha enviado para castigarme por mis pecados pasados.
Me gustaría, mientras aún soy joven, mientras mi piel es la de un albaricoque, y en mi corazón arde el fuego de la pasión, hacerte mío: míos tu cuerpo y tu alma, como son tuyos mi alma y mi corazón.
No debo, ya lo sé, mostrarme tierna, ni cariñosa, ni enamorada. Todo debe ser aséptico, sin emociones. No puedes entender que si no sintiera amor por tí no podría sentir otra cosa. (Esto dió lugar a un parrafito para mi novelucha, que copio a continuación)
No hay nada entre nosotros.
La pregunta quedó flotando entre ambos, sobre la cama deshecha, como envuelta en una ráfaga de aire frío de la ventana abierta.
- No hay nada entre nosotros, - respondió ella, deteniéndose un momento mientras se vestía. Él se sintió aliviado y frustrado, todo a la vez. Por una parte, hubiera deseado que ella dijera que le amaba, que entre ambos había algo más profundo, más tierno, pero no podía permitirse ese lujo. Más temprano que tarde, la realidad se impondría y todo aquello terminaría, de una forma u otra. Y la mejor forma era tomándoselo a la ligera. Ella seguía vistiéndose, la camisa clara cubría la ropa interior de encaje, la falda levantada hasta medio muslo, se subía las medias y las prendía con el liguero; al observarla, cayó en la cuenta de que se había puesto aquellas ropas precisamente para él. Tuvo que emplear toda su fuerza de voluntad para no ir hasta ella y abrazarla, sentarla sobre sus rodillas, como si fuera una niña, y acunarla contra su pecho. Pasaron los minutos en un silencio atronador, hasta que la mujer se puso el abrigo y se volvió por fin. Le miró a los ojos, y él pudo ver en los suyos una mezcla de rabia y dolor que le dejó sin aliento.
- Ya sé que era eso lo que querías oir, - dijo ella, y enseguida añadió, - aunque una parte de tí quería oir otra cosa. - Él quedó sorprendido por su perspicacia. Ella, con la mano ya en el picaporte, le sonrió tristemente. - Esa era la parte de tí que yo quería. Ahora ya no te queda nada que ofrecerme.
La puerta se cerró tras ella como un paréntesis. Había quedado fuera.
domingo 17 de julio de 2011
A mon seul désir
El título de la entrada es el nombre por el que se conoce el sexto tapiz de la serie "La dama y el unicornio"... Los cinco primeros están dedicados a los sentidos: gusto, oído, vista, olfato y tacto. El último debería, para completar la serie, estar dedicado al sexto sentido... Pero, ¿cual es ese sentido? (En mi caso, no es el sentido común, que conste...) A mi único deseo, reza el lema del tapiz. Mi único deseo...Como buena pesimista, no creo en la felicidad completa. Y tampoco he encontrado evidencia alguna de ella, por lo que puedo sostener que mi creencia se basa en la experiencia empírica, la que he adquirido mediante el sistema de prueba y error. Pero, por desgracia para mi yo pesimista, en el fondo de mí, más allá de ese bosque de árboles entrelazados que adivinó en mi alma el vidente, hay un claro muy pequeño, con una fuente cantarina y un unicornio esperándome; mi propia versión de la caja de Pandora, mi mágico semoviente: mi esperanza, mi deseo...
Me digo a mí misma: "Estás contenta. Sonríes, has vuelto a escribir, ha despertado el unicornio y la fuente fluye de nuevo..." Sonrío. Miro en mi armario, y me lo encuentro lleno de nada que ponerme en una cita imaginaria, y al pasar por la sección de lencería en El Corte Inglés me paro a mirar las novedades de La Perla, algo que no me puedo permitir... Luego me río y sigo adelante, como si hubiera compartido una broma...
Sigo adelante. Y es bastante, es suficiente. Por ahora. Mañana, (¡mañana!), seguramente el deseo se transforme en otra cosa, en anhelo de realidad, en esperanza de futuro, en lágrimas y en derrota, pero esta noche me llena el corazón y los dedos mientras tecleo, a horas intempestivas, insomne, sonriendo en la oscuridad de mi habitación....
miércoles 13 de julio de 2011
Letras sueltas...

Mientras nado, me obligo a concentrarme en la cadencia, cada brazada es como repertir un mantra, me esfuerzo, me castigo y me recompenso...
Pienso, mientras braceo, que el protagonista de Gattaca tenía razón en no dejar nada para la vuelta. Si te entregas a algo, entrégate del todo. Si te entregas a alguien, que sea por completo...
Tres tristes tigres.
Me gustas porque logras arrancarme una sonrisa en los momentos más inesperados. Te odio porque ni siquiera te das cuenta de que sonrío...
Sotto voce...
Mi amante veneciano viste de oscuro, todo en él es oscuro: su cabello entreverado de canas; sus ojos profundos, con la sabiduría de los años. Mi amante veneciano me mira eternamente desde su cárcel de lienzo, congelado en el tiempo, esperando el Día del Juicio a que San Miguel toque su trompeta y podamos, por fin, abrazarnos...
Latido
Hoy no ha sido un buen día. Lo he sentido en tu forma de caminar hacia mí, como si buscaras un puerto seguro en el que capear la tormenta. Y cuando tu mano ha rozado la mía, no he podido evitar darme cuenta de que, en un solo latido, he sentido más por tí de lo que he sentido nunca.
viernes 8 de julio de 2011
Si estuviera despierta...

Si estuviera dormida, soñaría contigo: con tu alma y la mía vagando de la mano; con el beso de tus ojos y el roce de tus dedos; con abriles encendidos y eneros entre escarcha, escarcha deshelada por tu fuego y el mío...
Si estuviera a tu lado, no necesitaría nada más que tu abrazo..., y luego, y luego...
sábado 2 de julio de 2011
Síndrome de Estocolmo

Entonces, ocurrió… Lo notó claramente: por alguna razón, la atención de ella había dejado de estar por completo allí. Seguía respondiendo a sus caricias, mostrándose tan ardiente como antes, pero una parte de ella se había retraído a su interior, dejando un vacío que él casi podía tocar.
La apartó de sí para mirarla a la cara y se encontró con que tenía los ojos llenos de lágrimas. Confuso, le preguntó si le había hecho daño, y ella, desviando la mirada, contestó que no. Aquel gesto fue una revelación. Se enfureció y la sujetó por los hombros para obligarla a volver el rostro.
- ¿Otra vez lo mismo? – gritó. Ella asintió levemente, con un gesto desvalido que hizo que la furia le abandonara, para dejar paso a una amarga decepción. Mirándole directamente, respondió:
- Lo siento, no he podido evitarlo, - no le dijo que, durante un segundo, mientras él la besaba, una imagen espontánea, la imagen de unos ojos grises en un rostro resuelto, había aparecido en su mente, haciendo que todo su deseo, toda su pasión, se desviaran hacia aquel otro hombre. Pero, aunque no se lo dijo, el que estaba junto a ella adivinó lo que ocurría y se apartó del todo.
- Eres patética, - dijo en un susurro. Cruelmente, añadió: - Pues para él no existes, no le interesas, ni siquiera te mira cuando te tiene delante... - Ella levantó la cabeza, y, sorprendentemente, sonrió.
- No me importa... Claro que tú no puedes entenderlo...
jueves 30 de junio de 2011
Soñar despierta...

Durante un rato he imaginado como sería: un fin de semana tranquilo; simplemente caminar por la playa, hablar de cosas sin importancia, contarnos nuestros secretos; ser nosotros mismos, no los que somos cada día, sino esos que escondemos a los demás, los que ni siquiera nuestros amigos conocen...Yo me dejaría querer, sacaría mi lado más dulce, y también el más loco; y él sería mi caballero andante, me haría sentir su princesa, su reina...
Nos he imaginado sentados en la arena, con el sabor de la sal en los labios, mi cabeza en su hombro, y, como fondo, el sonido del mar... Una imagen idílica, onírica, pura, sin defectos... Luego, la noche caería sobre el agua, las estrellas lucirían sobre nosotros, y yo tomaría la iniciativa y le diría al oído que le quiero...
lunes 27 de junio de 2011
32º

Busco. Toda mi vida ha estado marcada por la búsqueda de algo que no sé lo que es, pero que, estoy segura, reconoceré cuando lo encuentre... Ahora miro, y veo, y siento, y no sé si es real o el reflejo de mi necesidad de buscar... y, de repente, no me importa... Lo que veo y siento me gusta, me hace sentir viva, aunque no sea real, aunque sólo sea real para mí...
Ahora, sentada frente a la pantalla, supongo que él nunca leerá esta entrada, (y qué más da si la lee), y me invade el deseo de dejar de escribir, de salir al jardín y sentarme a mirar la noche, con los pies en el agua, imaginando lo que sería que estuviera aquí, conmigo, a mi lado: mi mano entre las suyas; mi piel contra su piel, ardiente, y en mi boca las palabras exactas y los besos más profundos...
jueves 23 de junio de 2011
Noche de San Juan

Digo todo ésto no con ánimo de criticar, sino para explicar porqué aquella noche estábamos en el campo, después de medianoche, con otros amigos, recogiendo hierbas para hacer un ramo. No recuerdo para qué servía aquel atado de hierbas, cortadas bajo las estrellas: romero, tomillo, ajedrea... Olía como olían esta mañana las calles de Toledo, antes y después de la procesión del Corpus... Como huele ahora mismo en mi habitación, porque me he traído un ramito al volver a casa, embebido con el perfume del incienso...
Aquella noche la luna estaba, como hoy, medio velada, y más que medio menguante. Hacía calor, como hoy, y nos acompañaba el ruido amable que suelen emitir los jóvenes cuando están juntos y lo pasan bien. Volvíamos a mi casa, y mientras mis amigos charlaban y reían, yo caminaba en silencio enmedio de ellos, intentando que aquel instante quedara captado para siempre por la Polaroid de la memoria, puro y nítido: una mezcla de olores y sentimientos, una mezcla de amor e indiferencia, un recordatorio de lo que fuimos...
lunes 20 de junio de 2011
La gata

Anoche hiciste que me fuera a la cama con una sonrisa en la cara que hubiera envidiado el mismísimo Gato de Cheshire y que me ha durado hasta la mañana. Ya sé que, posiblemente, probablemente, no tenías intención de hacerme sonreír. O quizás sí. Porque he ido adivinando, con el tiempo, que tienes un sentido del humor muy parecido al mío, que eres capaz de seguirme cuando estoy de broma lo mismo que cuando hablo en serio, y, lo más importante, eres capaz de distinguir cuando es lo uno o lo otro.
Cómo echaba de menos hablar contigo… Ese flirteo continuo con el que te abrumo, haciéndote las proposiciones más escandalosas, que tú te tomas con la mayor tranquilidad y que, en el fondo, tienen un punto de verdad que, estoy segura, también te hace sonreír.
Hoy, por tu culpa, en el día más caluroso de lo que llevamos de año en Toledo, he tenido que meterme en el agua fría varias veces, lo que, en realidad, ha sido contraproducente, porque el efecto ha sido el mismo que si un caballero en cota de mallas, con guanteletes de acero, frío, me abrazara entera. Y mientras mi piel se enfriaba, mi imaginación ardía, y te convertías en el objeto de un deseo absurdo, de una repentina necesidad de tenerte al lado, de probar el sabor de tus labios; una escena de vodevil, algo ligero, frívolo y sentimental que no nos llevaría a ningún sitio. Uno de esos momentos en los que el oscuro animal que me habita toma las riendas de mi consciencia y me vuelve una gata, una gata que mira a través de los espejos, como Alicia, buscando alguien amable…
viernes 3 de junio de 2011
Oscuro

Amo de ti la oscuridad; ese lado
imperfecto y sombrío que no alumbra
ni siquiera la luna; el que adivino
cada vez que me cruzo en tu mirada.
Amo de ti el sabor desconocido;
ese músculo que apenas entreveo,
que descubro en tu cuello cuando andas;
y el color de tus ojos y tu pelo.
Amo de ti tu hielo y tus hogueras,
te amo como eres, sin pretextos.
miércoles 1 de junio de 2011
Volviendo al desván

Nunca he creído merecer el comentario que hizo un amigo poeta sobre las cosas que escribo, a saber: que a mi obra siempre le tocaba bailar con la más fea. Será que yo no tengo suficiente sensibilidad para que me inspiren otras cosas que no sean mis propios sentimientos, que la mayoría de las veces se ven teñidos de pesimismo y dolor, pero es que me veo incapaz de escribir, como él, que 'la tarde de agosto era un paragüero' y quedarme tan ancha... Así que, efectivamente, he estado bailando con la más fea desde el vals a la polka, pasando por todo tipo de ritmos, pero era MI fea, y estas cosas se resuelven en familia, sin airearlas.
También es verdad que por culpa de la depresión he dejado todo lo que creía que me importaba algo, así como mi llamémosle relación, y ahora mi barquita navega sola por esos mares, un poco más vieja pero me temo que no más sabia, por lo que lamentablemente, y mi alma se regocija con la idea, volveré a caer en las mismas cosas, me enamoraré perdidamente de algún tipo que no me convenga, o, lo que es peor, no sepa ni que existo; sufriré y lloraré, y, al mismo tiempo, me divertiré un montón. Con vosotros, si seguís queriendo pasar por este pequeño rincón.
lunes 8 de marzo de 2010
La lluvia que no cesa
Como un adelanto de la Primavera, los almendros comienzan a llenarse de flores, a pesar de la lluvia que no cesa...Esta foto, tomada con el móvil el año pasado en una de mis caminatas, no tiene nada que ver con los brotes que puedo contemplar hoy en los árboles con los que me cruzo en mi caminar, casi siempre con el sonido de las gotas sobre la capucha de mi impermeable como único acompañamiento. Mientras camino, imagino cosas que luego, al volver a casa, decido no plasmar en ningún sitio. Y recuerdo otras cosas, que a veces me hacen sonreir y, otras veces, dejar correr por mi rostro lágrimas que, como las del replicante, se confunden con la lluvia...
Había sido un viaje agradable; la compañía siempre es importante cuando una pasa dos días fuera de casa. Como siempre ocurre, había habido roces en algún momento puntual, pero nada más grave que una discursión a gritos por un yogur desaparecido...
Yo estaba viviendo en otro plano espiritual en ese momento, todas mis energías se centraban en la carta, una carta, sí, de él, que llevaba en el bolsillo, y que releía cada vez que mis enérgicos compañeros de fatigas me dejaban sola un momento. Ese pedazo de papel tenía la capacidad de teletransportarme al recuerdo más cercano, la tarde de lluvia en la que, con la música de Creedence como fondo, le había dejado llevarme hasta mi casa en su cochecito blanco. Dios mío, cómo podía yo ser tan inocente..., me sorprendo incluso ahora de haber sentido lo que sentí cuando, al despedirse, deslizó un sobre en mi mano, un sobre que se arrugó porque me la apretó muy fuerte, mi manecita, la única que sigue igual, dentro de la suya, tan grande, y sin mirarme me pidió que lo leyera y le dijera algo a la vuelta...
Era más importante ese momento, la espera hasta llegar a casa, la emoción de la primera frase, que nunca olvidaré, el primer beso, el roce de una mano, que todo lo que luego se ha podido conseguir con prisas, con esa soberbia de creernos ya preparados para todo, dejar de lado los preliminares, lanzarse al mar sin probar primero la sal del agua...
Yo te amaba, aunque haga tanto tiempo que ya ni te acuerdes...
domingo 14 de febrero de 2010
San Valentín

¿Te sientes sola esta noche?... El estribillo se repite, una y otra vez, como una nana que pudiera echar a dormir mis defensas, dejarme inerme ante esa verdad que niego, que me repito como un mantra: que más vale estar sola que mal acompañada, pero que el mundo esta lleno de infinitos tonos de gris, no siempre va a ser todo blanco o negro...
¿Te sientes sola esta noche?... Lo que siento es la necesidad de abandonarme, de dejar de lado mis reservas, de sentirme amada y protegida, sí, protegida: que él me tome entre sus brazos, me estreche contra su corazón y me diga, muy bajito, que no hay nada que temer, que estará ahí cuando lo necesite, y que no intentará entenderme, solamente amarme... Sólo amarme y dejarse amar...
Ámame como soy, y deja que te ame como sólo yo sé amar...
domingo 31 de enero de 2010
Escape

Hoy me escapo, camino de Bar Galen, la verde ciudad élfica en la que existo plenamente. Hoy me marcho a mirar la luna llena, sin otra preocupación que pensar en Morgil....
martes 19 de enero de 2010
El año del gato

Y después de esta lección sobre las tradiciones del Extremo Oriente, sólo añadir que el próximo 14 de febrero comienza el año del Tigre... ¿y que es un tigre, sino un gato grande?
es como intentar cabalgar a un tigre,
es encerrar el mar en una botella,
es querer medir el cielo con los dedos...
(Pero tú conocías al gato que soy,
la misma que era al encontrarnos,
y lo que amabas de mí era mi espíritu libre,
y mis arañazos en tu espalda...
Y ahora dices que soy complicada,
que hay una fiera escondida en mis ojos,
que no soy como las demás mujeres...
Que debería ser modosa y reír con disimulo.
Pues seré tigre, y mar, y cielo;
seré la que busca, la errática, el adiós definitivo)
martes 12 de enero de 2010
Melancolía
lunes 28 de diciembre de 2009
Niebla y sal
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
(Pablo Neruda. Poema 20)

con las estrellas que tiritan hasta el alba.
Puedo escribir con vaho tu nombre en los cristales,
y borrarlo después con la sal de mis lágrimas.
Yo puedo, yo quiero, pero, ¿y tú? ¿No me quieres?
¿Que importa que la noche esté empapada en plata,
que la ventana sea escaparate de niebla,
que la lluvia golpee en el cristal con fuerza?
Eres tú el que golpea en mi alma, Morgil, mi estrella,
mi oscuridad, consuelo, luz de mi herida abierta.
Eres tú. Sólo tú: Mi noche clara.
sábado 26 de diciembre de 2009
Navidad

La Navidad, aparte de las devociones, es una fiesta para niños. Los que, como yo, no parece que vayamos a dejar huella genética en este ancho mundo, me comprenderán cuando me lean: Navidad sin niños es como una maceta sin flores, que decía la copla. Una vez que has crecido lo suficiente para perder ese toque mágico que te hace oír los pasos de los Reyes Magos en el pasillo de casa, la madrugada del 6 de enero, estas fiestas no vuelven a ser lo mismo. Puedes estar silbando villancicos mientras arreglas, muy artísticamente, un centro de mesa con velas y acebo, pero el verdadero espíritu de la Navidad reside en el espumillón, el belén de plástico con un río de papel de plata, y una bandeja sobre la mesa con turrón de chocolate y nada light a la vista.
Así y todo, me esfuerzo en mantener un espíritu festivo en esta Navidad solitaria, y enciendo velas y luces brillantes, y me visto con mis mejores galas para recibir al Niño que nace, como cada año, en un establo y en el corazón de los que creen en Él...
lunes 21 de diciembre de 2009
Sola

Absurdamente, mi corazón quiere descanso,
sin saber que descansar es morir.
No tengo fuerzas para entregar mi alma,
ni ganas de volver la espalda al pasado;
no quiero, ni puedo, pensar en enamorarme.
Sólo se que termino hiriendo al otro,
que no hay excusas ni advertencias que valgan.
Que quemo y que consumo, como si fuera fuego,
como el fuego que soy, que ningún hielo lo apaga.
No puedo, no quiero, no jugaré de nuevo:
algún día recordarás y me darás las gracias...
domingo 6 de diciembre de 2009
Domingo en la niebla

Y aquí estaba yo, disfrazada de Cenicienta, pero en la Cenicienta que era antes de calzar el zapato de cristal: afanada frente a la chimenea, limpiando los restos del día anterior, con un delantal rojo y un pañuelo cubriendo mis cabellos. Como suele ocurrir en la vida real, ni yo cantaba mientras trabajaba, ni ninguno de mis gatos me estaba echando ni siquiera una garra. Esperaban, tumbados en la alfombra, a que el fuego volviera a lucir para sentarse enfrente, en una suerte de adoración que repiten cada día, como un ritual pagano. Y ha sido entonces cuando ha sonado el timbre de la puerta, y, con un repentino presentimiento, he sabido que era él, y que el domingo al que se había referido en nuestro último encuentro era éste.
Mientras voy hacia la puerta de la calle, el jardín, tomado por la niebla, me parece un lugar extraño e indistinto. Los álamos recogen en sus desnudas ramas los jirones blancos, como en una película de terror de bajo presupuesto, y el agua de la piscina parece blanquecina, manchada, turbia, con el reflejo de esta luz lechosa que se filtra entre las nubes bajas. La manija de la puerta está perlada por gotas de humedad que me mojan la mano y hacen que se me resbale, con lo que la tarea de abrir se convierte en un juego de paciencia entre la puerta y yo. Por fin nos encontramos, cara a cara, él envuelto en un abrigo demasiado pesado para este clima; yo, a cuerpo, con el delantal aún puesto y la cabeza cubierta. Repentinamente, antes de que ninguno pueda decir nada, él levanta la mano y sus dedos me acarician la mejilla. Al retirarlos, me muestra el índice y el medio manchados de ceniza, mientras se ríe, con una risa franca y dulce que me hace sonreír.
En el salón, ahora vacío, porque los gatos han intuido la presencia de un extraño y han desaparecido en dirección a alguna cama, el fuego recién encendido crepita alegremente en la chimenea. A la escasa luz que entra por las ventanas parece un lugar íntimo, una isla de quietud y de calor rodeada de blanca frialdad. Sin embargo, a pesar de esa invitación tácita que parecen ofrecer los sofás, él me pregunta si no me apetece dar una vuelta, mientras haya luz, porque el atardecer parece estar ahí, acechante, a la vuelta de la esquina, y eso que sólo son las cinco de la tarde.
A regañadientes, acepto salir de mi santuario cálido para enfrentar la niebla y quién sabe qué revelaciones, pero antes me cambio para salir y me lavo la cara. Mientras me miro en el espejo siento ganas de sacar la lengua a mi imagen. Otra vez dejándome llevar... ¿adonde irá este camino, en el que convergen senderos y cursos?
Caminamos. La humedad se me posa en el pelo, en la cara, en las manos, que se van quedando frías, mientras comentamos sucesos triviales; la niebla convierte la calle en un pasadizo que nos dirige directamente hacia el campo. Las casas, a un lado y otro, parecen trazadas con carboncillo en un lienzo vivo, y los sonidos parecen ahogarse, difuminarse...
Al fin, casi cuando estoy pensando en pedirle que demos la vuelta, porque cada vez hay menos luz, una arboleda de encinas nos ofrece un refugio inesperado. En mitad del círculo de árboles hay una gran piedra plana, y, sobre nuestras cabezas, las ramas cubiertas de hojas perennes forman un techo que nos aísla, por un momento, del frío y humedo ambiente.
Inconscientemente, me froto las manos y él vuelve a reirse como al principio y las toma entre las suyas, que están calientes y secas, y, durante un instante largo como un siglo, permanecemos así, quietos, sin mirarnos, casi sin respirar. Yo sé que va a besarme, lo percibo, y cuando sus labios tocan los míos, también helados, siento como un choque eléctrico. Qué fácil es abandonarse a esa dulzura, qué fácil es entreabrir la boca, permitir que el beso se convierta en algo profundo, dejarse llevar hasta quedar estrechada entre sus brazos, apoyada en su pecho, oyendo los latidos extraños de su corazón...
Qué fácil es dejarse amar...










