jueves 19 de noviembre de 2009

Pleamar



La habitación está en penumbra, y llena de susurros. Pero el calor no está en la habitación, sino dentro de mí, como si tuviera una hoguera en el pecho y las brasas se hubieran repartido por mis miembros, hasta alcanzar las puntas de los dedos de manos y pies. Y duele. Duele toser, duele el roce del camisón contra la piel; el peso del edredón de plumas es como una losa ardiente, y la almohada parece empeñada en mantener una lucha constante contra mi cuello y mi nuca, cambiando de forma para no permitirme descansar...

El agua fresca, en un vaso sobre la mesita, se me figura estar a mil kilómetros de distancia, por supuesto que no tengo fuerzas para levantar la mano y alargar el brazo hasta allí, tendría que haber sido el tipo ese de los Cuatro Fantásticos para poder hacerlo. Pero lo intento. Y a la vez que lo intento, mis ojos están empeñados en no dejarme enfocar los objetos más cercanos. Se me plantea la disyuntiva de coger el vaso casi a ciegas o perder parte de mis energías alcanzando las gafas, porque, por supuesto, no tengo puestas las lentillas. Así que mi mundo está borroso e indistinto, una habitación como una nebulosa.
El Espacio, la última frontera... Bravo por la tripulación del Enterprise...
He debido quedarme dormida mientras reflexionaba sobre esto, porque cuando vuelvo a abrir los ojos está oscuro y alguien ha encendido la lámpara sobre la mesita de noche. El vaso ha desaparecido, y ya no siento tanta sed, ni tanto calor, como si la fiebre hubiera obedecido una ley inversa a la de la marea y, en vez de elevarse con la noche, hubiera descendido, como la bajamar...

Seguramente gracias a la acción de los medicamentos, también mi capacidad olfativa se ha agudizado, y el perfume dulzón del Vicks VapoRub enturbia todos los demás olores a mi alrededor, pero no lo suficiente como para no percibir esa mezcla de madera y almizcle que casi llevo impresa en mi propia piel. El estrecho círculo de luz de la lámpara de noche alcanza a tocar la butaca del rincón, donde suele terminar mi ropa cada noche, cubriendo la cabeza del peluche, un mapache de peluche enorme que suele ser el testigo involuntario de mis cotidianos strepteases, pero esta vez no puedo distinguir la mancha amarilla y negra en la que mi miopía convierte su graciosa figura. No. Hay alguien allí sentado, y no necesito mis gafas para saber que es él.
Siento, de repente, un gran cansancio, y acaricio la idea de gritar para que venga mi madre y le ponga de patitas en la calle, mientras otra parte de mí ya sabe que, cuando abra la boca, será para decir 'mira lo que ha traído el gato', mientras intento fingir indiferencia... Cuando esto ocurre, apenas reconozco el graznido en el que se ha convertido mi voz. Él se levanta, casi con precipitación, y es como si un tornado se abriera paso por mi cuarto: el mapache de peluche, (o mejor, la mancha amarilla con topos negros) sale disparado hasta chocar contra el armario, mientras la mesilla se tambalea y me alegro que el vaso de agua ya no esté allí, para no añadir una inundación al previsible desastre que ocurrirá tarde o temprano, mientras él recorre los escasos dos metros que le separan de mi cama. Pero, increíblemente, el desastre no se produce.
Me acabo de dar cuenta de que tendré un aspecto bastante horrible, pero qué más dá. Ya me he abandonado al Destino, no voy a escucharle, no pienso darle ni una oportunidad más... Pero cuando su peso convierte en una pendiente el borde de mi cama, ya no estoy tan segura de nada. Y cuando se inclina sobre mí, el rostro tan pálido, sus ojos grises fijos en los míos, los finos labios apretados, la pura imagen de la seriedad, mi corazón está a punto de estallar, no sé si de tristeza o de alegría. Y cuando sujeta mi mano en la suya, y me besa en la muñeca, sé que no hay nada que hacer, que estoy maldita, que pase lo que pase nunca podré alejarle de mí...

viernes 30 de octubre de 2009

Naufragio

Hacía ya muchas noches que no me acostaba así: sintiendo como la cama se eleva y da vueltas, como la de la niña de El Exorcista, mientras mi pobre cerebro se mueve en dirección contraria, a la misma velocidad; y con el corazón latiéndome en las sienes. ¿El culpable?: 1/3 parte de vodka, 2/3 partes de zumo de naranja. En una palabra: destornillador. O mejor, una caja de herramientas enterita...
No estoy borracha. Simplemente, el grado de alcohol en sangre es demasiado elevado para una persona de mi peso y complexión. Pero no estoy borracha. Yo NUNCA me emborracho. Sé perfectamente lo que hago, intento no dar un traspiés que me lleve al suelo, y mientras camino hacia mi cama voy apoyándome en la pared del pasillo, a falta de un hombro en el que dejar caer mi peso, a falta de unos brazos que me sostengan, a falta de una boca que besar un momento antes de traspasar la puerta, con un beso que es un adelanto de lo que ocurrirá hasta la mañana. Pero mejor así: tengo demasiada dignidad como para permitir que nadie me vea perder la verticalidad y caer al suelo.
Dios, qué le habrá dado a esta habitación para dar tantas vueltas a mi alrededor. Ahora, parece que va un poco más lenta, y yo reflexiono sobre lo que ha pasado. Si ayer mismo, por la tarde, me hubieran dicho lo que ocurriría, cómo esas palabras atravesarían el cerco de mis dientes, no lo hubiera creído. Y es que, dentro, muy dentro de mí, la criatura cobarde que me habita ha estado impidiendo hasta ahora que esto suceda. Pero, de alguna manera, quizás porque 'in vino, veritas', me he comportado como siempre he deseado hacerlo. Y las cosas han quedado claras, nítidas, como esculpidas en hielo, ese hielo que se iba fundiendo en el vodka, ese mismo hielo que cubre tu alma y que mantiene frío tu helado corazón.

jueves 29 de octubre de 2009

Otoño


Como cada vez que llega el otoño, siento esa imperiosa necesidad de marcharme, de dejar todo lo que hago y lo que me rodea, lo que tengo y lo que me hace ser como soy; simplemente echar a andar hacia un destino en el que nadie me conozca, en el que pueda ser yo, o el yo que vive en mí y que pocas veces muestro.
No lo hago nunca, y no se por qué. No me detiene ni el amor, ni la necesidad ni el remordimiento. No se muy bien lo que es la fidelidad, excepto la fidelidad a uno mismo que vivo cada día, que es mi credo y mi más profunda convicción. Supongo que no estoy preparada para emprender ese viaje, que todavía hay cosas aquí que tengo que vivir y soñar, sentir y sufrir, amar y disfrutar.
Me siento como un soldado curtido en mil batallas, con la piel cubierta de cicatrices, que aún empuña su arma, preparado para seguir luchando, pero deseando la hora del armisticio, si es posible con la victoria de su lado. Dejar las trincheras para marchar lejos, poder abandonar la armadura, porque ya no la necesitaré.
Temo que un día me decida y me lance, sin pensar, hacia delante, sin mirar lo que dejo. Hoy, enredada en este amor que tiene más de desamor que otra cosa, en este absurdo perseguir tu fantasma, me imagino que corto estas débiles amarras y hago zarpar el barco de mi vida.
No queda mucho para que ni siquiera seas un recuerdo en un trozo de papel.

Y un último apunte: hace unos días, una amiga, al presentarme a unos amigos suyos, lo hizo como 'Alawen', y al ir a rectificar, dijo: 'es que no me acostumbro a llamarte por tu nombre'. Será que mi AKA es más mío de lo que yo creía...


miércoles 21 de octubre de 2009

De la mano de mi ángel



Yo no sé si os ha ocurrido alguna vez, que habéis sentido la presencia de vuestro ángel de la guarda más cercana que nunca... No me refiero a eso que se dice cuando alguien se salva de forma milagrosa de un accidente o enfermedad, sino a esos momentos de pura y completa soledad en los que el corazón se sobrecoge, encerrado en sí mismo, intentando escapar del dolor y del miedo, y entonces, casi imperceptible, el roce de un ala te acaricia la mejilla, y las lágrimas se detienen y es como si se hubiera encendido una pequeña llama de esperanza en medio del pecho.

Pero no es eso lo que os quiero contar. Mis sueños son como pasadizos a otros mundos, a otros lugares que no conozco, o que si conozco no tengo memoria de ellos. Mis sueños suelen comenzar, como ya he contado, cuando camino por una calle conocida y doblo una esquina hacia lo desconocido... Yo caminaba por mi calle, cuesta abajo, hacia un lugar donde hay un pequeño grupo de almendros amargos, que en primavera se cuajan de flores. Las casas conocidas, a un lado y a otro, se fueron distanciando, y poco a poco me adentré en un paisaje campestre que bien podía haber sido pintado por un prerafaelita. De pronto, tuve consciencia de que no estaba sola, sino que iba conversando tranquilamente con alguien, que me llevaba de la mano. No puedo recordar su rostro, una vez más, y eso me consume en las horas de vigilia, cuando, como casi todas las noches, permanezco insomne en mi cama, contemplando como pasan las horas muertas mientras el resto del mundo duerme.
Mi compañero, del que guardo, como digo, un recuerdo vago, sonreía, sonreía siempre, mientras yo intentaba saludar a la gente con la que nos cruzábamos: unas veces eran conocidos y otros eran completos extraños, a los que yo, por alguna razón que tenía esa lógica ilógica de los sueños, intentaba hacer señas. Pero nadie me respondía, y, por fin, mi sonriente acompañante dijo, como quien comenta que va a llover, que nadie iba a responder a mi saludo porque no podían vernos. Porque yo estaba muerta, y era mi espíritu el que caminaba por el sendero desconocido. Y él era mi ángel, que me guiaba en mi camino.
Si tuve miedo o tristeza, no lo recuerdo. El único sentimiento que cabía en mi alma era la alegría, un gozo que parecía volver todo más brillante, como la luz última del sol bajo los árboles. Y mientras seguía sin temor a mi compañero, sentía su mano cálida en la mía...

martes 20 de octubre de 2009


Tus dedos, como los dedos de la lluvia, me recorren la espalda.
Tus finos, delicados dedos; esas manos que reconozco al instante,
sólo con sentir su tacto.
Tus manos, tus brazos que me envuelven;
tus brazos, que me someten,
gentilmente, dulcemente, contra tu pecho,
y escucho latir tu corazón al compás del mío,
mientras mis lágrimas se secan contra tu camisa;
mis lágrimas como la lluvia de Otoño.
Y tú y yo somos sólo lluvia.

lunes 19 de octubre de 2009

Volviendo a mis orígenes...


Echo la vista atrás, a mi lista de entradas, y veo que, de un tiempo a esta parte estoy más prolífica, será quizás que tengo más ganas de contar cosas o que vamos entrando irremediablemente en el Otoño más desapacible, y con el cambio de tiempo mi alma muda, como un pájaro que vuela hacia el Sur ante los primeros fríos.
También es posible que ya hace bastante, más de un año, que he dejado de hacer experimentos emocionales para centrarme en mi miseria y mi tristeza, dicho esto sin ánimo de buscar consuelo, sino simplemente constatando un hecho. No puedo, no quiero abandonar el estado en el que me encuentro, en el que soy tan feliz siendo tan desgraciada.
Vamos, no es que me dedique a llorar por los rincones; siempre he creído lo que decía mi madre sobre las lágrimas, que derramar unas cuantas es bueno y necesario, pero que pasarse el día llorando lo único que hace es destrozar los ojos, y ¿que haré si no me quedan ni ojos para llorar?

Me recuerdo a mí misma escribiendo casi cada día, en una libreta de muelle, en mi Diario, contando lo que me ocurría, o simplemente lo que se me ocurría. Escribiendo cuentos y versos, explicándome a mí misma los pormenores de mi vida adolescente. Hace tanto tiempo ya, y parece que estuviera al alcance de la mano. El colegio, el instituto, donde tan buenos y tan malos ratos pasé, como todo el mundo, porque la adolescencia es como una posesión diabólica, te sientes diferente de todos y de ti misma, no sabes lo que quieres, o quieres algo que no sabes lo que es. Y nadie puede ayudarte, tienes que despertarte un día y comprobar que todo ha vuelto a su lugar dentro de tu alma.

Pero estoy escribiendo esto, rápidamente, casi sin pensar, porque mi mente está centrada en él. Un fin de semana transcurrido y otra oportunidad perdida para hacer algo; no me gusta la inactividad ni la espera. Pero cuando no se espera, se pierde la esperanza. Si todo quedara claro podría ser estupendo... o un completo desastre... Así que, mientras juego con las expectativas como un gato con un ovillo de lana, envolviéndome en ellas, sigo manteniendo la fe en que lo que somos tendrá un final feliz, bueno, un final no, un principio...
Será que todavía creo en los cuentos de hadas...

domingo 18 de octubre de 2009

Postales: Edimburgo II (Míster Sherlock Holmes)


Me diréis, y no sin razón, que Sherlock Holmes tenía su casa en Londres, concretamente en el 221B de Baker Street... pero he aquí que, al tercer día de estar en Edimburgo, y justo detrás de mi hotel, por pura casualidad, me encontré con esta estatua en la calle, (Picardy Place, que le dicen) donde Conan Doyle había nacido... y yo había pasado tres días sin saberlo...
Cualquiera que tenga una mínima relación conmigo sabe que Sherlock Holmes es uno de mis personajes favoritos de la literatura. Incluso, rellenando uno de esos estúpidos (y divertidos) tests en Facebook, lo nombré como 'mi amor imposible' (lo que llevó a algún amigo a reírse de mí, con cariño y eso, pero cachondeito hubo...). Pues sí, para que negarlo, me encanta este hombre tan frío y tan lógico, científico y misógino, como me encanta Spok, qué le voy a hacer, me atraen los tipos sin sentimientos y con sangre verde en las venas... Creo que uno de los momentos más felices de mi vida fue el descubrimiento de una serie de Granada TV, protagonizada por Jeremy Brett, (que Dios tenga en Su Gloria), que sigue, casi fielmente, los relatos detectivescos de Conan Doyle, (que escribió más cosas, de Historia y tal, pero cuya inmortalidad debe a este personaje al que odiaba cordialmente, y al que intentó asesinar, algo que nunca podré perdonarle, ni con la redención de resucitarle para nosotros, sus lectores)
Aparte de la atracción que ejerce sobre mí el personaje, el ver un monumento a alguien que no era un asesino caníbal, en Edimburgo, fue un cambio refrescante. Después de haber tomado el lunch en el edificio en el que Deacon Brodie, (personaje en el que Stevenson se inspiró para dar vida a su Doctor Jeckill), alguacil de día y asaltador de caminos de noche, había vivido; después de fotografiarme a la sombra de la fuente que señala el lugar en el que se ahogaba a las brujas; después de leer esquelas y epitafios en honor de masones ilustres, el encontrar en efigie a un recto servidor de la Ley, un hombre que había dedicado su vida a perseguir el crimen, un héroe, aunque sea de ficción, que representa a los Hijos de la Luz, fue como un hito que me hizo contemplar la sombría capital del norte con otros ojos.
Para mi disfrute total, enfrente del monumento hay un pub, cuya imagen podéis ver más abajo, en el que, a la salud de Sherlock Holmes, nos tomamos una pintas...



(Dedicada mi amigo el Cowboy en paro, con mucho cariño. Marce, no cambies nunca)


sábado 17 de octubre de 2009


Me desvanezco,
bajo la lluvia artificial, caliente,
que me besa la piel como tus besos...
Me desvanezco
en la niebla con olor a flores
que se levanta bajo mis pies...
Mi cuerpo,
atrapado en una jaula de agua;
mi espíritu, liberado de su hechizo ...

martes 13 de octubre de 2009

Emilio


Casi no te recordaba,

ni al prado, o las mariposas:
Yo misma, en mi vestido de domingo,
parecía una de ellas, entre la hierba alta.
Siete años en flor, te miraban mis ojos
y veían en tus diez la madurez y el orden.
Hoy encontré una carta en el armario,
en la que te juraba que te amaría siempre.
Nunca te la envié.
¿Donde estará mi amado, Emilio niño,
el que contaba cuentos y tejía coronas
de blancas margaritas y me hacía su reina?
En mi recuerdo está junto a una fuente,
en un día de sol, tras la Misa de doce,
mientras el río corre abajo, entre zarzales,
y yo canto en voz baja, y él me besa los dedos.

lunes 12 de octubre de 2009

Juguetes viejos...

Una foto mía, supongo que debía tener 3 ó 4 años cuando me la hicieron, posiblemente en la guardería, encontrada en una caja llena hasta los bordes de fotos antiguas. Me he cubierto de polvo al sacarla del estante en el que estaba, olvidada, como si tuviera la intención de perderme el pasado que esas fotos representan... Me miro y me reconozco, ya que sigo siendo yo; ahora con más años, pero la mirada a la cámara es la misma: una mezcla de timidez y desconfianza, porque siempre salgo fatal en las fotos. Qué le vamos a hacer.




Hago un esfuerzo por recordar aquellos días, pero es inútil. Mi memoria parece tan perdida como estaba esta foto, simplemente no tengo recuerdos de la infancia, o al menos los que tengo son como la fotografía: imágenes fijas, sin color ni sonido, como si el mundo hubiera sido en blanco y negro, como el cine mudo... Recuerdo a la Yansy, la perra de mi abuelo de la que ya he hablado aquí, y el paisaje del desierto, con los montes oscuros cerrando el horizonte, de mis días del Sahara. También tengo una imagen de ese mismo lugar, una imagen extraña de tiburones panza arriba, tirados al borde de un camino, (mi madre me explicó que eran para hacer sopa de aleta en la Residencia de Oficiales). Mi muñeca favorita, los perros que iban pasando por nuestra familia, los amigos que dejé atrás en los continuos traslados, los recuerdo peor que los libros que leí o las cuartillas que emborroné con mis primeros pinitos en esto de escribir...

Y lo que nunca, nunca olvidé fueron los días de lágrimas.

Gracias a Dios, mientras sigan ahí las fotos y las películas de 'superocho' que tomó mi padre, y mi madre siga manteniendo su extraordinaria memoria, me quedarán fuentes de las que beber cuando necesite llenar una de mis lagunas...

martes 6 de octubre de 2009

Tienes un email


Siempre es bonito recibir cartas. Antes, cuando apenas podíamos soñar con lo que es y lo que representa Internet, yo era de esas personas que emborronaban folios y folios con mis sentimientos para luego meterlos en un sobre, ponerles un sello y mandarlos a los cuatro puntos cardinales, porque siempre me ha gustado conocer gente de unos y otros, cuanto más lejos mejor. Y cuanto menos convencionales, mis amigos de lejos y de cerca, mejor que mejor.
Ahora, con esto de los emails, no pasa un día sin que reciba alguna cosa que me hace sonreír. Hoy, por ejemplo, he encontrado dos mensajes de una amiga nueva llenos de música que me han gustado mucho. Así es la Red de redes: una persona que no te conoce de nada, excepto por lo que tú dices de ti misma, te envía algo que supone, acertadamente, que te va a gustar.
Ya he dicho en otro sitio que tengo un cariño especial por mis amigos en el ciberespacio, a los que no he visto nunca, o casi nunca. La amistad ha cambiado, o al menos se ha vuelto de otra manera, y he entregado mi confianza a gente a la que no he mirado nunca a los ojos, o a los que apenas he tratado unas horas. Y esas mismas personas me han aceptado como amiga, y han tenido detalles conmigo como muy pocos de los que me gusta llamar amigos en tiempo real: eso de dedicarme unas fotos de Sean Connery tomadas en un pub de Londres, porque se acordó inmediatamente de mí en cuanto las vio, no tiene precio.
Por estas y otras razones, como hacía con las cartas en papel cuando las recibía, no me gusta borrar los mensajes de correo, y procuro atesorarlos, atascando con ello mis cuentas. De vez en cuando hago limpieza, y elimino aquellos que pesan demasiado porque contienen archivos adjuntos, una vez que guardo éstos, y entonces es cuando me ocurre como hoy, cuando vaciaba una de mis cuentas, y me he encontrado con mensajes de hace un año de alguien de quien ni siquiera me acordaba. Y, con sinceridad, de alguien de quien tampoco tenía gana de acordarme.

Cuando alguien basa su experiencia de vida en el método de ensayo y error, como yo, suele tener bastante claro que cuando algo no funciona, pues no pasa nada: se prueba otra cosa, y ya está. Cuando este método se aplica a las relaciones amorosas, yo supongo que hay que procurar no herir a la otra persona a la hora de hacerle conocer tus sentimientos, y cuando se termina algo hay que sentarse y hablarlo, hay que decirlo a la cara, aunque el otro no se lo tome bien o se sienta estafado, a pesar de que tú le hicieras hincapié en que no hay nada seguro en esta vida, excepto la muerte. Por eso, cuando en mis relaciones he llegado a la conclusión de que no podía dar nada más de mí, siempre he procurado hacerlo así a la hora de decirle a mi pareja que se había acabado, y que no podía ofrecerle otra cosa que mi amistad.

No puedo entender que alguien que me envió mensajes llenos de pasión, en los que me aseguraba que estar a mi lado le hacía sentirse en paz consigo mismo y con el mundo, alguien que me asedió con llamadas, correos y visitas, pudiera dar por terminada la relación mediante el silencio más absoluto. Me pareció una falta de respeto increíble, a la que simplemente respondí con un msm de despedida, (hummmm, ¡las nuevas tecnologías!), porque yo sí tengo lo que hay que tener. No es que me moleste o me hiera, por aquel entonces yo estaba ya convencida de que aquello tenía que terminar, pero él tenía muchas cosas en mente respecto a su futuro y no me escuchaba cuando se lo insinuaba, y, por otra parte, yo había llegado a la conclusión de que aquella relación estaba basada en mi propio egoísmo y en un estúpido intento de ser como todo el mundo, o como yo pensaba que era todo el mundo: intentando ahogar mis sentimientos por Morgil mientras buscaba un acomodo en el amor. Y aquí, mis queridos Lectores Constantes, está la moraleja del cuento: no existe eso del conformismo en mi corazón, no puedo fingir lo que no soy, no puedo evitar tener fuego en el corazón...

jueves 1 de octubre de 2009

El beso


No estaba preparada para encontrarle al salir de la academia. De repente, al levantar la vista hacia la calle, allí estaba, parado enmedio de la acera, ignorando a los que le rodeaban, mirando directamente hacia mí...
Mi corazón ha pasado, directamente, de un suave trote a un desenfrenado galope, y la sangre se me ha agolpado en la cara, ya estoy completamente colorada, como una cereza. No puedo evitarlo, siempre es igual. Con desesperación, intento mirarme en los cristales del portal, no sé que aspecto ofrezco a esta hora, supongo que estoy despeinada y que el rimmel se me ha corrido hacia abajo, hacia mis ya profundas ojeras, con lo que pareceré un oso panda rubio... Pero ya no tiene remedio, no puedo dar media vuelta y volver arriba, a los servicios, a retocarme. Rápidamente, pesco del interior del bolso una caja de caramelos de menta y me echo uno a la boca. Al menos, el aliento me olerá fresco, o eso promete el envoltorio. Inspiro con fuerza, como si en vez de salir a la calle fuera a sumergirme en el mar, y cruzo el umbral de una zancada.
Me acerco a él, que sigue sin sonreír, y durante un momento nos miramos sin decir nada, hasta que él mueve los labios formando la palabra 'hola', inaudible para mis oídos, sordos a todo excepto al latido de mi propio corazón, y le contesto con una sonrisa que me sale tímida.
Tengo un curioso sentimiento de dèjá vu cuando él me quita la carpeta de las manos, como si aún estuviéramos en el colegio o en la facultad, y echa a andar a mi lado. Me pregunta qué tal la mañana, le contesto que lo mismo de siempre, y quedamos en silencio, en un silencio embarazoso que me irrita y me hace desear estar en otro sitio, a solas, para dejar que las lágrimas corran libremente por mi rostro. Tan inmersa estoy en mi propio y mezquino dolor que no siento que me sujeta por el brazo hasta que estoy frente a él. No me da tiempo a levantar la cabeza para mirarle, porque ya su mano, gentilmente, me sujeta la barbilla, y sus labios tocan los míos, una simple caricia al principio, hasta que su boca se hunde en la mía, y ya no sé donde estoy, ni me importa, no siento otra cosa que sus brazos a mi alrededor, y luego ya no escucho mi corazón, sino el suyo. Cuando nos separamos, aturdida, apoyo la cabeza en su hombro, y su voz triste me dice al oído: 'a veces temo helarte'. ' Y yo abrasarte', le replico. Permanecemos así un instante, como dos adolescentes que han descubierto su primer amor, y luego su mano toma la mía y caminamos de nuevo.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Lucero de la tarde


Casi sin querer, pido un deseo

a la primera estrella de esta noche,
y mi corazón vuela hacia el lucero oscuro,
siempre brillante, aquí, sobre mi cielo,
ese que es el sol de mis tinieblas.
Y mi deseo y tu estrella son uno.

martes 29 de septiembre de 2009

Antes de que amanezca


Hoy tenía pensado escribir algo muy profundo y muy reflexivo: esas cosas que se dicen después de pensarlas una y otra vez, y al darme cuenta de que eso, precisamente, es uno de los rasgos que menos me gustan de mi carácter, he decidido dejar de pensar en lo que digo para pasar a decir lo que pienso...
Los días se han vuelto más cortos, otra vez, y mientras una parte de mí lamenta que el sol se vaya tan pronto, otra parte, mi parte oscura, la gata amante de la noche, se siente feliz por ello. Antes, cuando era más joven, cuando todavía podía pasar una noche en blanco y no sentirme como un zombi al día siguiente, me gustaba meterme en la cama a leer y el amanecer me encontraba enfrascada en el libro. También podía salir por ahí hasta que el cielo se iluminaba con las rojeces de la aurora, y luego pasarme todo el día de aquí para allá, sin notar la falta de sueño.
Ahora, los años no pasan en balde, y aunque todavía soy un ave nocturna, trasnochadora, que es capaz de aprovechar más si sigue despierta que si se levanta temprano (y de mal humor casi siempre), ya no puedo seguir ese ritmo. Pero hay noches, noches como ésta, en las que el deseo de seguir pensando, de seguir imaginando historias, de escribir un poquito sobre Morgil o sobre mí, me mantiene insomne sin necesidad de estímulos exteriores...
Además, el otoño me produce melancolía. No es que no me guste: es una estación muy bonita, pero me hace sentir el paso del tiempo, que transmuta el verde de las hojas en oro, como un alquimista que hubiera dado con la Piedra Filosofal... Me recuerda que yo también estoy cambiando, que los años no pasan en balde, y que he de tomar decisiones definitivas cuanto antes.
Pero cuando lo intento, la única cosa segura que sé es que no tengo nada seguro, sólo el dolor que inunda mi corazón cuando pienso en él, ya sabéis de quien hablo, mis queridos Lectores Constantes... Pero ni siquiera el dolor dura para siempre...

lunes 14 de septiembre de 2009

Postales: Edimburgo I (El petirrojo entre las tumbas)


Aún no os he hablado de Edimburgo, de la preciosa, triste, oscura, iluminada y alegre Edimburgo, la ciudad que conocí en Abril de este año. Permitidme que os lo cuente en retazos, en postales que os den una idea de lo que vi, de lo que respiré y sentí durante los cuatro días que duró mi visita...
El petirrojo que preside el centro de la foto, casi como posando para sacar su mejor perfil, voló hasta mí mientras paseaba por uno de los muchos cementerios que salpican la ciudad. En éste las lápidas antiguas estaban ladeadas y torcidas, como si una tormenta, la tormenta del tiempo, supongo, las hubiera movido en todas direcciones. Había altas cruces celtas, pequeñas lajas de piedra volcánica en las que apenas podía leerse el nombre de la persona que yacía debajo; historiadas lápidas de familia, con una larga lista grabada, casi cubiertas por el moho y el verdín producto de la humedad, esa omnipresente humedad que hacía que mi pelo se rizara como cuando me acerco demasiado al mar... Todas aquellas últimas muestras de amor hacia los seres queridos que nos han dejado, la constancia de que hay quien recuerda y de que, tarde o temprano, todos tenemos que seguir ese camino, jalonado con hitos de los que nos precedieron...
Yo estaba fotografiando algunas de esas esquelas de piedra, aquí y allá, buscando sobre todo símbolos masónicos, que ya había descubierto en otros lugares, cuando el pajarillo voló directamente hacia mí y se posó sobre la lápida más cercana a donde yo me encontraba. Parecía un alma perdida, un borrón de color sobre el gris del cielo y de la tierra. Chirrió, con ese canto absurdo y entrecortado de los petirrojos, y se movió a saltitos hasta quedar inmóvil, como esperando que levantara el objetivo y le disparara. Así lo hice, y así quedó plasmado. Luego levantó el vuelo, revoloteó un poco a mi alrededor y se marchó a lo profundo del jardín.
Por la tarde, en la visita a Mary King's Close, cuando nuestra encantadora guía nos habló del fantasma de la pequeña Annie, recordé al pajarillo entre las tumbas, y me pareció que, si el alma de un niño tenía que tomar alguna forma para seguir atada a la tierra, sería la de un petirrojo con el pecho manchado, un petirrojo solitario en un cementerio olvidado.

martes 8 de septiembre de 2009

Nadie como tú


Miro la luna, una luna creciente que mueve mis mareas, y, mientras la contemplo, iluminando el mar con su luz de plata, pienso en ti.
Siempre pienso en ti, haya o no luna. Qué más da. Te llevo dentro, eres el Oscuro Pasajero que me habita, ese que se cose, como la sombra, a mis pasos. El que deseo, el que quiero, el que necesito. El que no está.
Nadie como tú me conoce. Nadie sabe de mí tanto como tú, ni nadie logrará hacerme sentir como tú lo haces. Ni hacerme temblar con tan sólo mirarme, estremecerme, quedar sin voluntad propia, como haces tú.


Me encuentro caminando por una calle conocida; es mediodía, el sol está en lo más alto, y siento su calor y su beso, mientras recorro la acera hasta doblar una esquina, una esquina que, me doy cuenta de pronto, nunca ha estado ahí hasta ahora, y entonces comprendo que estoy soñando y sonrío, porque sé que enseguida te encontraré.
La calle, en mi sueño, desemboca en el campo, y mientras intento cruzarla, una manada de animales, no sé si son vacas o ciervos, la ocupa completamente, impidiéndome el paso. Estoy parada en la acera, deseando pasar a la opuesta, cuando, entre los ciervos,(o las vacas), veo venir un caballo negro como el azabache, que se acerca, se acerca, se acerca como nadando en una marea de pieles tostadas. Sus ojos, dos espejos oscuros, me miran, y sé que el caballo soy yo, y un momento después estoy montada sobre él, sin silla ni estribos, ambos uno: amazona y montura fundidas en un mismo ser...

(Continúa otro día...)

martes 1 de septiembre de 2009

Día de playa


Hemos decidido irnos a la playa en esta tarde de sábado tan aburrida, y lo hemos hecho bordeando la costa: la Expo, el puerto, la plaza del Comercio, las Docas, van pasando como imágenes de una linterna mágica; llegamos a los Jerónimos, el monumento a los Descubridores, (siempre me cabrea que hayan incluido a Magallanes porque, a ver, ¿no fue España la que le pagó el viaje?), la Torre de Belém, y así hacia el oeste, siguiendo una carretera que conecta Lisboa con Estoril y Cascais, paralela al océano, en la que, de trecho en trecho, encontramos faros y fuertes, que quedan pendientes de visitar, otra vez será.
En Cascais descubrimos muchas villitas en venta, abandonadas a los elementos, y fantaseamos con la idea de comprar una y dedicar un verano a la restauración. Sería bonito devolver el blanco a esas paredes que han perdido la cal, y el verde a las contraventanas, y reparar las vidrieras con motivos marinos de esa que asoma sobre el Atlántico. Sería bonito volver todos los años a pasar las vacaciones a un lugar como éste, comer bacalao y bajar cada mañana a la playa.
Por fin llegamos a Guincho, pasado el Cabo Raso, (parece un chiste militar, ¿verdad?), donde la costa es pedregosa, llena de rompientes, hasta la calita arenosa donde desembarcamos con todo nuestro operativo: una niña de dos años y medio y su equipaje; toallas que desentonan, con las Islas Canarias estampadas en el rizo, unas toallas extranjeras en tierra extraña que nos hacen recordar que estamos en el país de la felpa por excelencia, (aunque todos saben que las toallas portuguesas no secan: vox populi, vox Dei, que se dice), crema protectora y jerseys, porque luego refrescará, seguro. Y refresca, claro que sí.
El agua del océano me espera, me tienta, yo sé que no es el mismo mar que amo, al otro lado del Estrecho, mi dulce Mediterráneo de corrientes cálidas y noches estrelladas, pero el Atlántico me recibe con un abrazo, un abrazo frío de amante muerto, el abrazo de un vampiro al que me entrego con escalofríos. Mi piel blanca se vuelve de mármol y mis labios se colorean de azul, como si hubiera estado comiendo arándanos, pero no quiero abandonar esta cuna de agua que me sacude, me lleva, me llena de arena el bikini y el cabello, y que, por fin, (está subiendo la marea), me lanza fuera de sí y me deja, sin aliento, en la orilla.
Me envuelvo en la calidez de las Islas Afortunadas, me peino para secarme el pelo, y me permito un momento sólo para mí, sentada en las rocas, mientras me salpican las olas y el sol abandona el cielo: escucho ‘On the beach ‘ en el ipod. Me gustaría quedarme aquí un rato más, ahora que la luna ilumina el océano, cambiando el blanco de la espuma en plata.

lunes 24 de agosto de 2009

Nada de nada


No me apetece lo más mínimo saber lo que pasa a mi alrededor, no quiero tener noticias de lo que ocurre fuera de este mundo interior, mío, en el que estoy acurrucada, escuchando a Annie Lennox cantar por el amor de un vampiro, y deseando que alguien, (él), me envuelva en su abrazo y me bese en los labios, o beba mi sangre. Tanto da. Tanto unos como la otra son suyos, y se los entrego sin reservas.
Mi ángel oscuro, ese que hace que mi corazón comience a latir tan deprisa como el de un pájaro al que se sostiene en la mano; el mismo que se esconde en mis sueños, que no muestra su rostro. El que me acompaña desde hace tanto... Aquel que me llevaba de la mano por un sendero entre los árboles, invisibles los dos para los que nos cruzaban, hasta el lugar que era su tumba y nuestro lecho... El amante de una amada que no sabía lo que era amar, pero que hubiera preferido sus dientes en la garganta a todos las caricias que no fueran suyas...
Mi Desconocido, sólo el recuerdo vago de unos ojos claros que se clavaban en los míos, una voz grave y dulce que decía mi nombre, un caminar en sueños, unas lágrimas derramadas que empapaban mi almohada y que, una vez despierta, me hacían llorar otra vez por su amor...
Qué deliciosa sensación, tener la certeza de que, cada noche, volvería a mis sueños, y ¿por qué no?, yo a los suyos, y encontrarnos en esa encrucijada entre lo real y lo onírico, en esa duermevela en la que siempre esperaba despertar en otro lugar, en otro tiempo, junto a él; y ni siquiera me importaba si en la vida o en la muerte...
¿Cuando vendrás, Viajero del alba, Lucero de mi cielo, dulce Guía, a recorrer despacio mis senderos? Sin tí mi noche está como dormida...


domingo 23 de agosto de 2009

Salvación


En ti encuentro mi destino: estoy segura;
eres tú, tan sólo tú, lo que yo busco.
Contemplo el círculo que has trazado a oscuras,
ese círculo oscuro trazado con mi sangre,
que encierra mi pasado, mi temor y mis lágrimas.
Tú eres mi destino: ahora lo veo.
Ven y sálvame.
Ven, oh, sí, tú solo.
Sálvame.

jueves 20 de agosto de 2009

Una de amores imposibles


Como lo prometido es deuda, dicen, y yo le prometí a mi querido Consultor Sentimental que en mi siguiente entrada hablaría de los amores imposibles y contaría un caso verídico que conozco de primera mano, paso a exponerlo, no sin antes advertir que los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas. xD

Bueno, antes de nada, tengo que dar a conocer la Primera Regla de Alawen en Cuestiones Amorosas: “Ni curas, ni casados, ni saxofonistas”. (Lo de los saxofonistas es negociable). Bastante complicado es el mundo de las relaciones amorosas per se para venir a liarla más con terceras personas o una divinidad. Va a ser que no. Así que ya os podéis imaginar que cuando hablo de un ‘amor imposible’, es porque hay implicado un individuo perteneciente a uno de esos grupos exclusivos, y añadiré que no, no era un saxofonista. (Sí, ya sé que también sería un amor imposible si me enamorase de Ramsés II, pero es que no soy partidaria de la necrofilia… ¿Nos entendemos o nos entendemos?)

El caballero en cuestión, llamémosle M, no tuvo la culpa de nada. Es más, para él yo soy una amiga o, mejor, la hermana que nunca ha tenido. Él ha sido siempre fiel a su compromiso, mientras mi corazón se desangraba por los rincones, porque por mucho que me gustara, por mucho que lo quisiera, por mucho que, cada vez que me lo encontraba, me pasase tres días sin poder pensar con claridad, ya os he dicho que no soy de esas que se interponen entre un hombre y su vocación, ni entre un hombre y su pareja. (Conste que estoy hablando de mí misma: en estas cosas, yo dejo a cada cual con su conciencia.) Así que, como ya he explicado en otro sitio, encerré mis sentimientos en un bote de cristal, cerré la tapa y lo puse en el más oscuro fondo del más alto estante en el desván de la memoria.

Durante algún tiempo, a pesar de evitar los encuentros, de la distancia que, por suerte, hubo de poner entre nosotros por motivos profesionales, su recuerdo me asaltaba en la vigilia; y en sueños era peor: una noche, como ya he dicho aquí, me soñé entre sus brazos, uno de esos sueños vívidos, en el que le tenía tan cerca, tan cerca, esos ojos verdes como agua marina en la que hundirse… Todavía recuerdo el dolor, al despertar… Un detalle curioso: me besaba, y sus labios estaban fríos. Seguramente era mi subconsciente, que me decía que yo no tenía derecho a ese beso.

Reconozco que, a día de hoy, y escribiendo esta entrada, no puedo pensar en M con indiferencia. Pero es que, si recapacito sobre ello, no puedo pensar en ninguno de los hombres a los que he querido con indiferencia. Subrayo lo de ‘a los que he querido’: los que, durante un tiempo limitado, han sido los afortunados poseedores de mi corazón. Y subrayo también lo de afortunados, que diablos, y, si no lo creéis, podéis preguntarles a ellos. Os dirán que ‘lo nuestro’ fue la mejor vuelta en montaña rusa que se pueda desear. Pero sin marearse, ¿eh?

Otro día os enseñaré otro tarro de mi colección.

domingo 16 de agosto de 2009

Limpieza

Dios mío, cómo está esto de polvo... Parece mentira, como se acumula por todas partes, cubriendo hasta el suelo, flotando en un haz de luz, formando minúsculas motas de oro con el sol de la tarde. Hay un olor penetrante en el aire viciado, me temo que uno de los tarros en los que guardaba recuerdos del verano pasado se ha caído del estante y se ha roto, y el contenido está podrido, manchando el suelo... Por suerte, no es nada que quiera seguir conservando... Abro el ventanuco, procurando no golpearme en la cabeza con el pupo siciliano, (es Orlando, vestido de rojo, con su espada en la mano), que lleva tanto en ese lugar que el clavo del que cuelga está oxidado... Entra la pura luz del día, con un soplo de aire fresco, y me dispongo a limpiar este desorden, por lo menos que quede como estaba el día anterior, porque volver al desván me trae a la cabeza la celebérrima frase de Luis de León: "decíamos ayer..."
Han transcurrido los días del verano, luminosos y azules, (y calurosos, también), como soldaditos en perfecta formación: uno detrás de otro y casi indistinguibles; quizás con la excepción del tiempo pasado en compañía de los míos, que ha sido breve, pero intenso. Me he mantenido sumergida hasta la cintura en el río del tiempo, permitiendo que corriera mientras yo me quedaba inmóvil, otra vez viviendo de las rentas de años pasados, con mi hucha ya casi vacía, malgastando los caudales que no he empleado en 'cosas importantes'...
Demediado agosto, vuelvo la vista atrás, o mejor dicho, afuera. Tengo que abandonar este abatimiento, como se abandona el recuerdo de un amor imposible o un zapato roto. Tengo que despertarme y sacudirme la pereza. Tengo que volver a vivir...
Como Campanilla, tengo el don de encontrar cosas perdidas, perdidas pero no olvidadas... Desde mañana le prestaré más atención al viento, miraré a la cara a la gente con la que me cruzo por la calle, lanzaré mi corazón al mar de la existencia...
Bienvenida de nuevo, me digo a mí misma...


Actualización: Orlando quiere salir a saludar. Cosas de la gente del teatro, que siempre quieren estar en el candelabro:





jueves 9 de julio de 2009

Lunática


Esta noche, la luna está grande, llena, amarilla. Vuelvo de caminar por las desiertas calles, con el calor aún saliendo del asfalto, escuchando a un lado y otro el refrescante ruido de los aspersores, los chapuzones nocturnos en las piscinas, el ulular de un búho... Grillos que se llaman unos a otros a través de los jardines. Todos los sonidos de la noche, amortiguados por esa sordera inconsciente que nos aisla del exterior cuando vamos pensando en otras cosas, en otras noches...
Camino, sonámbula, y sería capaz de caminar la noche entera envuelta en mis pensamientos, en mis recuerdos... Intento fijar una idea, pero se me escapa, como una estrella peregrina en este cielo veraniego, y luego otra, y otra... Pasan rostros, voces, nombres, algunos olvidados y otros que desearía olvidar. Pero es la bendición y la maldición de la memoria: que nos guarda sorpresas al otro lado de una puerta cerrada, que no esperabas que volviera a abrirse nunca, y que, de repente, gira sobre sus goznes para dejarte ver el interior de algo que puede ser tanto un recuerdo amable como un doloroso momento.
Tengo bastante capacidad de sufrimiento. No es presunción: simplemente, constato un hecho. Y puedo asegurarlo con bastante precisión, si contamos las ocasiones en las que el dolor me ha atrapado, me ha dejado sin aliento y sin lágrimas, para luego dejarme ir, hasta la próxima. Por eso puedo decir que los recuerdos peores no son los dolorosos, sino los absurdos, esos de los que ya nadie, excepto una misma, tiene memoria. Lo que me hizo avergonzarme de mí misma me persigue, me cuelga del cuello como un sambenito intangible que nadie, excepto yo, puede ver...
Ahora me doy cuenta que estoy dejándome llevar por senderos por los que no quiero transitar. Vuelvo lentamente a casa, y al volverme, me encuentro con la mirada fosforescente de mi gato, que me ha seguido en mi periplo, como un silencioso compañero de fatigas. Lo estrecho contra mí, y le susurro que lo quiero mucho, mientras le beso las orejas. Y él, entonces, me mira como con reproche, como diciendo: "¡lunática!"...

jueves 2 de julio de 2009

Vegetando...

... Bueno, en realidad lo que estoy haciendo es limitando al mínimo mi ingesta de carne y pescado, para centrarme en el consumo de vegetales, huevos y queso. Lo que se dice, estoy siguiendo una dieta ovo-lacteo-vegetariana. Y todo por esos kilitos de más (5 hermosos kilos, 5) que tengo que eliminar. Por supuesto, no tengo ninguna razón clínica, es simplemente que, cuando una llega a cierta edad, es más difícil quitarse peso que ganarlo, y si, encima, te pasas la mitad de día sentada, todavía es peor. Así que, aprovechando el veranito, y que no apetece otra cosa que tomar ensalada, (bueno, unos gelati de Della Palma también apetecen, pero eso es otra historia, llena de calorías), he dejado de comer carne. Y ha sido entonces cuando una amiga ha aprovechado para enviarme la foto.

Y una, que es carnivora del todo, sin trampa ni cartón, ha lamentado muuucchhhhoooo que el tal Hugh Jackman no pueda ser catalogado en la categoría de queso (quesazo, diría yo), sino más bien en la de bistec. Y es que el actor me lleva gustando desde antes de vestirse de Lobezno, pero fue por el papel de Wolverine por lo que me hice fan suya. Porque, además de carnívora, una siempre fue defensora del lobo y le gustaba mucho El hombre y la Tierra, e incluso llegó a conocer en persona a los lobos de Félix Rodríguez de la Fuente, en el zoo de Madrid. Animalitos.

Vale, ya estoy mayor para poner fotos en las carpetas. También me temo que estoy mayor para estas entradas chorras, en las que no digo más que tonterías, pero si alguien quiere cosas serias que se vaya a mi otro blog. Éste lo abrí precisamente con la finalidad de dar rienda suelta al gato que habita en mi alma, un gato juguetón, curioso, con un puntito de ironía y una vena de inmadurez. No lo voy a negar. Siempre he sido, (o me he sentido, puede que sea cosa sicológica), más joven de lo que marca el calendario, y los que me conocen (en persona, quiero decir) os pueden contar que tampoco represento mi edad. Es posible que se deba a que comencé a vivir más tarde que mis coetáneos, o bien porque desciendo, por linea materna, de una familia de longevos. Este año me estoy sintiendo bien conmigo misma, cosa que no lograba desde hace mucho tiempo; creo que he encontrado una estabilidad y una paz, una tregua en mi continua lucha, un olvidarme de mis demonios, que me hace estar feliz. Tengo la sensación de haber comenzado a vivir otra etapa, ya no me preocupan las mismas cosas, ya no me preocupa ser como soy. Me he aceptado. Y ha costado, eh, no penséis otra cosa...

Me temo que, a pesar de este renacer, comienzo a tener fallos de sistema... Se me olvida algo, estoy segura... ¡Claro, si aún no he subido la famosa foto!

Atención, niñas con riesgo cardíaco, abstenerse de mirar...

martes 30 de junio de 2009

El bucle



Bucle (wikipedia): Un bucle o ciclo, en programación, es una sentencia que se realiza repetidas veces a un trozo aislado de código, hasta que la condición asignada a dicho bucle deje de cumplirse.


Pues eso más o menos ha sido mi vida en los días en los que mi sobrina ha estado en casa: con dos años y tres meses, es capaz de ver una y otra vez la misma película, una de Barbie sobre una princesa que ha sido convertida en caballo volador... Se sienta frente al televisor, y durante los 90 minutos que dura el DVD no se mueve ni apenas respira, excepto para preguntar, todas las veces, que dónde está el caballo cuando la princesa recobra su forma original. Y en cuanto aparecen los títulos de crédito, se pone en pie y dice "mais, mais", que es su manera de ordenar a su titia que le vuelva a poner la película...


Me imagino que, con su corta edad, no entiende nada de la trama, que tampoco ganará un Óscar por su originalidad. Suena la Pastoral de Beethoven mientras Barbie se desliza por el hielo con unos patines, y puede oírse el vuelo de una mosca en la habitación. La música clásica parece ser la que amansa a esta fierecilla, que, dicho sea de paso, es una buena niña, obediente y encantadora, mientras no se le marque en el entrecejo esa vena que anuncia tormenta. Pero, en general, Viví es un sol.

Dentro de unas semanas, a finales de Julio, volverán, y yo volveré a ese bucle en el que dejo de lado mi propia vida para pasar a ser hermana, cuñada y tía, y no por ese orden precisamente, compañera de juegos y visionado de películas...
Y yo, encantada, qué queréis que os diga...

martes 23 de junio de 2009

Pleno sol



Hace una semana de mi cumpleaños, al Terminator se le han gastado las pilas, y yo he sufrido algunos cambios considerables, si se tiene en cuenta que mi vida ha sido, durante mucho tiempo, un laissez passer tanto en lo físico como en lo emocional.


Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador: el día de mi cumple me dió una ventolera y me fuí a la peluquería. Cambio de look completo. Para los que no conocéis mi aspecto físico, os diré que suelo llevar una melena cuadrada casi hasta los hombros, así que le pedí a mi estilista que cortara, que cortara en capas, como si fuera un castigo autoimpuesto. Pero todo fue en vano, he quedado mejor de lo que estaba: al terminar su labor, mi cooperador necesario en lo que yo creía un crimen contra el estilo, dándome un toque de laca, comentó: "Anda que no te has quitado años de encima", y yo contemplé incrédulamente en el espejo a una Alawen que hacía tiempo que no veía, que parecía haber dado un paso atrás en el tiempo, en vez de cumplir otro año...


Así que salí a la calle con una sensación de irrealidad que me hacía mirarme en los escaparates para reconocer mi imagen. Entré en la farmacia, se me habían acabado las vitaminas, y contemplé perversamente la báscula. Esto no me puede fallar, pensé mientras buscaba 20 céntimos en el bolsillo y me subía al instrumento de tortura por excelencia. No me lo podía creer, había adelgazado un kilo desde la semana anterior.


Al volver a casa, por la tarde, me metí en la piscina por primera vez en la temporada. Al ponerme el bañador me había dado cuenta de lo morena que estoy, (bueno, no hay que exagerar, pero si comparo mis brazos con otras partes en las que el sol no ha tocado, tengo un saludable color tostado, claro que todo se lo debo a mis jornadas de jardinería intensiva, pero lo importante es lo importante...), y de que sigue sirviéndome el mismo bañador que el año pasado, que me encanta... Así que me senté en la escalera, con las piernas en el agua, mi lugar favorito para pensar, a pleno sol. El teléfono había sonado unas cuantas veces, amigos y amigas que se habían acordado de felicitarme; por correo electrónico me habían llegado los buenos deseos de otros muchos, y en varios blogs, incluídos los míos, me habían dejado mensajes cariñosos. (Me gustan mucho mis amigos en tiempo real, entre los que se incluyen varios bloggers, pero los que no conozco me provocan una ternura especial.)


El sol calentaba mi espalda, acababa de colgar el móvil tras concretar una visita a casa de una amiga, en un par de semanas, que era la cosa que más me apetecía hacer en ese momento, el agua fría me salpicaba, estaba libre, tenía amigos que me recordaban y era feliz, feliz, feliz...

Y creo que así sigo desde entonces.

lunes 15 de junio de 2009

Sólo tú...




No es, propiamente, Verano, pero ya he tenido que pasar por la rutina de casi cada temporada, aunque ahora las restricciones me obligan a mantener el agua de la piscina durante el invierno. Pero este año hemos tenido que hacer unas pequeñas reparaciones en el gresite, y, una vez reparada y vacía, ha habido que limpiarla. Así que allí estaba hace unos días, bajo un sol todavía soportable, entre paredes azul turquesa, manguera en mano, pantalones cortos y chanclas, con un CD a todo trapo, acompañando a Madonna en los coros...


Me gustan los trabajos manuales como éste, que son puramente mecánicos, no necesitas poner toda la atención en lo que haces, simplemente una parte, y la otra queda libre para pensar...


El recuerdo me asaltó de repente y sin previo aviso, y sin que ahora tenga una idea clara de la encadenación de ideas que me llevó a verme otra vez en la boda de nuestros amigos, hace cuatro años, en un día otoñal lleno de sol y de amor.


La sensación fue tan vívida que creí que caería sobre mis rodillas, mientras el dolor me volvía a agujerear el corazón. Porque te vi, y me vi, juntos, tú con tu traje oscuro, tan bello que me quedé sin respiración al encontrarte, literalmente; y yo con mi vestido negro, ese que tanto te gustaba, ese que me hacía más delgada y que ahora cuelga tristemente en mi ropero, esperando una fiesta que todavía está por planear...


Y allí estaba yo, en tus brazos, como en un sueño, mi cuerpo contra el tuyo, con tu brazo rodeando mi cintura, guiándome, porque tengo dos pies izquierdos y el baile nunca ha sido mi fuerte, y menos aún el de salón. Tu barbilla rozando mi frente, mi perfecto caballero de perfecta armadura, tan frío, y tan ardiente, tan amargo y tan dulce, y ese olor a brezo, a cedro, que me envolvía cada vez que me hacías girar a tu alrededor...


Me doy cuenta de que estoy empapada, Miss Camiseta Mojada en un concurso de una sola participante, y me alegro, porque así las lágrimas ni siquiera parecen reales...

domingo 7 de junio de 2009

Quiero un Terminator para mi cumple...


... modelo Marcus Wright...

jueves 28 de mayo de 2009

Desamor




Me desenredo.


Y me llevo una rosa


tatuada en la piel,


y, en el corazón, espinas.

domingo 24 de mayo de 2009

Hay quien lo tiene claro...


... como el micho de la foto. Sí, yo cualquier día hago mutis por el foro, y me voy a sestear a un pueblecito como ése. Santorini, por ejemplo.
Ahora, amarrada voluntariamente a este banco de trabajo con el que pretendo conseguir un medio seguro con el que ganarme la vida, me planteo si no sería mejor cambiar de planes, dedicarme a lo que de verdad me gusta: escribir, cocinar, cultivar un jardín... Me temo que ya he pasado la edad de las rebeldías y ahora estoy, como las elefantas, buscando la seguridad. Me voy plegando a las exigencias de la vida, de lo que llamamos vida, intentando vivir el presente cotidiano de la forma más feliz, pero también sin arriesgar nada. No tengo ganas de arriesgarme, la verdad, aquí queda dicho. Supongo que esto es lo que se llama madurez, a mi edad la mayoría de la gente lo tiene todo hecho: ha tenido hijos, ha consolidado su situación profesional...
Yo, cuando pienso en ello, me veo como el replicante de Blade Runner. Porque mientras los otros iban recorriendo otros caminos, yo he visto otras cosas, he hecho otras cosas, tengo un álbum de recuerdos variopinto y extraño, que me distingue de mis compañeros de viaje. Ni mejor ni peor: distinto.
Así que vuelvo a abrazar la mediocridad por un momento, unos meses, mientras dure esta nueva aventura, tan aburrida, en la que me he embarcado. No sé que pasará mañana, lo único que se es que el único que no sabe plegarse a seguridades es mi corazón. Ya lo he intentado, os lo aseguro, y fue una experiencia que es mejor no recordar...
Quizás otro día os lo cuente...

jueves 21 de mayo de 2009

Silvia y el dragón


Cuando Silvia despierte encontrará una escama,
una escama verde y dorada sobre su cama.
Y cuando meta los pies en las zapatillas,
un respirar caliente le hará cosquillas.
Bajo la cama
se esconde un dragoncito
esta mañana.
Silvia decide no tener miedo
y mete la mano hasta un agujero
en la alfombrilla.
Allí duerme el dragón hecho una rosquilla.
Cuando despierte,
le dará pan con queso y algo de leche.
Que los dragones
nunca comen doncellas,
que eso son cuentos.
Escrito para Silvia en su cumpleaños, noviembre de 2006

domingo 17 de mayo de 2009

Sábado por la noche...

Sábado por la noche... ¿Sábado por la noche, o madrugada del domingo? En fin, que estoy aquí, con ganas de estar en cualquier otro sitio, y me apetece contar una historia, una historia que es un poco dulce y un poco amarga. Una historia, un cuento, sobre mí.
Voy caminando, casi siempre miro al suelo cuando camino entre la gente, porque no soy demasiado ágil, suelo tropezar con facilidad, y si me es fácil enredarme con mis propios pies, imaginad por un momento lo que es tener que sortear a los que me rodean.
Ciegamente, camino sin pensar en nada en particular, estoy sorda a los sonidos que podrían aturdirme, cuando distingo, entre un ruido de motores que parece colmar el espacio, una voz, su voz, diciendo mi nombre.
No esperaba este encuentro. Me temo que mi mirada y mi gesto ya se han endurecido cuando él me alcanza y repite mi nombre. Y cómo es posible que algo que fue tan placentero, cuando lo pronunciaba en susurros junto a mi oído, cómo algo que no he podido olvidar, como el olor de su cuerpo o el sabor de sus labios, me sea, si no completamente indiferente, sí desdibujado, desteñido, casi aséptico...
Sonrío al levantar los ojos hacia los suyos, consciente de que en los míos no se refleja la sonrisa, y digo una banalidad tras otra, eso que se llama conversación, sobre el tiempo que hacía que no nos veíamos, sobre su madre, sobre la mía, y, sin olvidar los buenos modales, le pregunto por sus niños.
Una vez respondidos los temas de uso cotidiano, pasamos a la batería de preguntas, suyas, por supuesto, porque él siempre ha querido saberlo todo sobre mí. Así que repaso mi insulsa vida laboral en un par de frases, y luego respondo al cuestionario sentimental con un "ahora no estoy saliendo con nadie", que es la respuesta más sincera que puedo dar. Y la más simple. Porque a él no voy a decirle que tengo el corazón hecho pedazos desde hace un tiempo, por culpa de alguien que no tiene la culpa de nada; pero que, poco a poco, lo voy recomponiendo. O que estoy medio enamorada de dos hombres a los que no he visto nunca, pero que me hacen sentir otra vez lo que ya tenía olvidado, lo que me resulta más placentero de una relación: esa ambigüedad en la que no sé si hay algo entre nosotros o son cosas mías, o si lo que siento es el reflejo de lo que él siente por mí...
Ahora me doy cuenta que está tan contento de haberse encontrado conmigo porque apenas he cambiado en estos 12 años. Porque le recuerdo nuestra juventud, porque me dice 'tú siempre estás igual', una mentira dulce de escuchar, porque soy más vieja que entonces, y menos inocente, y a la vez una verdad amarga, porque soy la misma, la misma gata que busca sin saber muy bien lo que busca, el soplo de viento que él me pidió que le dejase encadenar, la misma muchacha inexperta a la que, una noche, le dijo que todo había terminado, que no podía haber nada entre los dos, esperando quizás unas lágrimas que nunca derramé por él.
Mientras me habla, su mano me acaricia el antebrazo izquierdo, más que acariciar casi me pellizca, como si necesitara tocarme para constatar nuestro encuentro. Le prometo, al despedirnos, que otro día que tenga más tiempo y nos volvamos a encontrar tomaremos un café juntos. Y sé que estoy mintiendo al hacer esa promesa, porque él es parte de un pasado que recuerdo con ternura, pero no con nostalgia.
Doy media vuelta, consciente de su mirada al alejarme, y me pierdo entre la gente, otra vez yo, la de ahora, la que me gusta ser, la que él no conoce...
Ahora soy otra. Estoy preparada para afrontar las tormentas.

jueves 7 de mayo de 2009

Silencio



¿Porqué escuché su voz? Yo no sabía que algo así podía pasarme...

Porque escuché su voz, ahora no quiero oír ninguna otra, ni trinos, ni el aire entre las ramas; no hay más música que su voz...

Su voz, sólo su voz pronunciando mi nombre...

¿Porqué te escuché? Ahora estoy perdida, perdida sin remedio por perderme en tus brazos...

martes 5 de mayo de 2009

Un día cualquiera...


Metro de Madrid, linea Circular, estación de Sáinz de Baranda. 14:47 horas. Vagón prácticamente lleno, casi todo el mundo va leyendo algo: un libro, un periódico, un folleto de los Testigos de Jehová sobre el fin del mundo... Todos menos yo, que bastante tengo con sujetarme a la barra superior, intentando poner el mínimo de mí en la operación, mientras sostengo el abrigo y una carpeta con el otro brazo. Por supuesto, el calor ha apretado hoy, y el abrigo no ha sido otra cosa que un estorbo a partir de las 11 de la mañana...
A mi lado, un cincuentón bien conservado, barbita entrecana y gafas bifocales, intenta sin éxito coordinar la lectura de "El Ocho" con la tarea de mantenerse agarrado a la misma barra que yo. Él, al ser más alto, lo tiene más fácil. Además, no lleva portafolios ni nada que se le parezca, me pregunto si trabajará en algo que le permita salir a la calle únicamente con lo puesto, o si estará en el paro o habrá cedido a eso que llaman prejubilación...
Las puertas del vagón se abren, y bajan algunos pasajeros, entre ellos la anciana que ocupaba el asiento frente a mí. El hombre a mi derecha cierra el libro y me hace un gesto amable, para que ocupe el asiento. Me quedan sólo dos paradas, mejor me quedo en pie, llevo toda la mañana sentada y es agradable estirarse de vez en cuando, cada curva del Metro, sobre las propias piernas. Le digo que gracias, a la vez que niego con la cabeza, y le sonrío porque es la primera persona amable con la que me he cruzado hoy, al menos conscientemente. Él tampoco ocupa el asiento, lo cede a otra anciana que acaba de entrar, deprisa, casi con el silbato del cierre de puertas.
El vagón se vuelve a poner en marcha. Mi nuevo amigo de las barbas mira alrededor, luego se fija en mis manos, en las suyas, y con voz grave, simpática, me dice:
- ¿Tú no lees?,- es una forma como otra cualquiera de entablar conversación con una completa desconocida, pero me parece una pregunta bastante tonta. Un nanosegundo después, me acuerdo de que, antes, le he sonreído, así que ahora me pongo seria para responder.
- No, no leo.
Tengo que comentar aquí una frase de mi hermano mientras contemplábamos la Capilla de la Real Orden del Cardo, en la Catedral de Edimburgo: "Nosotros deberíamos ser miembros de pleno derecho", dijo, en voz baja. Y es que ambos tenemos el mismo carácter...
Mientras pienso en esto, mi interlocutor ya ha encontrado una frase para continuar con la conversación, y la suelta en plan "¿estudias o trabajas?":
- ¿Y eso?
- Me mareo en el transporte público, - miento, pero es que cualquier otra respuesta me parece demasiado trillada. Gracias a Dios, el tren ha llegado ya a mi estación, y, con una inclinación de cabeza hacia mi desconocido, me bajo en el andén, dispuesta a olvidarlo todo excepto que, al llegar al coche, todavía me quedará casi una hora de camino para volver a casa.

lunes 4 de mayo de 2009

Cosas mías...


Esperando al hombre perfecto...

miércoles 29 de abril de 2009



No volveré, jamás, a pronunciar tu nombre,
ni pensaré ya en ti. Será mañana,
en la hora sombría que precede a la noche;
una cruz en mi pecho y cumpliré mi promesa.
Colocaré tu foto en un marco de olvido,
y romperé en mil vidrios tus besos y tus cartas…
Te dejaré del todo cuando se haga de noche.
Pero esta noche, no. Será mañana.

domingo 26 de abril de 2009

Quédate a dormir


Dormir entre tus brazos, sólo eso deseo.
sentir tu aliento cálido que roza mi cabello,
y tus manos dormidas aquí, sobre mi pecho.
Dormir, dormir tan sólo,
y despertarnos luego.

viernes 24 de abril de 2009

Vida mía...



Tú eres, sin dudar, la vida mía,

porque el dolor de quererte hace que sienta

que me sigue latiendo el corazón…

domingo 19 de abril de 2009

Ave de paso


- Ya te lo advertí, - dijo ella, mirándole de frente,- no te prometí nada, ni te dí falsas esperanzas...

- Pero, entonces... ¿me dejas? ¿Porqué?

- Porque no te quiero.

Él miró hacia otra parte, mientras apretaba los puños, y, entre dientes, respondió:

- Tú no sabes lo que quieres.

- Pero sí se lo que no quiero, - replicó ella, alejándose.


Entrada programada

jueves 16 de abril de 2009

Caledonia

Photobucket




Como habréis supuesto astutamente, esta entrada se quedó programada para publicarse hoy, ya que la que suscribe está out totalmente: ha dejado atrás el Continente y desde hoy hasta el próximo día 20 estará en Escocia, bueno, en Edimburgo, porque no voy a salir de la ciudad.


Yo, que soy bastante celta en el fondo y en la forma, estoy muy contenta por haber llevado a cabo mi deseo de viajar hasta aquí y además en este año tan especial, ya que se celebra el festival Homecoming Scotland 2009 con el que se conmemoran las tres cosas más importantes que Escocia ha dado al mundo: el whisky, el golf y Sean Connery... y no por este orden...


A la vuelta os lo cuento. Besos para todos.

Photobucket

martes 14 de abril de 2009

Lluvia


Mientras en mi ventana cae la lluvia,

yo sueño con los soles que fueron y se han ido,

con el verano eterno de una playa inventada,

o con la dulce luz de la Luna sobre el agua.

No sé si queda algún sitio al que marchar,

ni siquiera si existe algún hueco en la Tierra

donde guardar mi alma y esconderme del viento

hasta que no haya miedo, y mi esperanza renazca.

No creo en elegidos, ni en Cielos, ni en personas:

como nada poseo, nada espero perder...

Quizá mañana empiece una era más amable,

y encuentre, tras los montes, un vado y Rivendel.

viernes 10 de abril de 2009

El Cristo de la Vega 'visita' a El Redentor




El Cristo de la Vega, (muy conocido por la obra de Zorrilla 'A buen Juez, mejor Testigo'), procesiona por las calles de Toledo en la madrugada del Viernes Santo. En la Plaza de Santo Domingo el Real se detiene a 'saludar' al Cristo Redentor, mientras se entona un Miserere. Gran recogimiento y silencio, sólo roto por los tambores y las matracas, cuyos sonidos rebotan en las paredes de mampostería, creando un efecto inigualable.

martes 7 de abril de 2009

Sola



Anoche, otra vez, soñé contigo.


Así que hoy no quiero nada: ni el pálido sol, ni compañía, ni risas… Tan sólo tu recuerdo y el recuerdo del sueño.


Y es que, hasta conocerte, yo no sabía lo que era tener sed. Y ahora que te siento, aquí, muy dentro de mí, esa sed que me consume no se sacia más que en ti, y no se sacia nunca porque cuanto más bebo en ti más necesito tu agua.


Mis ojos se diluyen en los tuyos, en mi sueño, y mi corazón se diluye, lentamente, ardientemente, al pensar en ti.

jueves 2 de abril de 2009

Consuelo


La primavera. ¿Será la maldita primavera la que tenga la culpa de que todos estemos con los ánimos por los suelos, más aún de lo habitual, y la melancolía enraizada en el corazón? Yo hoy estoy así, como sin fuerzas, triste, con ganas de llorar. Astenia primaveral, le dicen. Yo la llamaría algo menos bonito, si tuviera una cara a la que llamárselo.

Primavera. Todavía no se deja sentir el calor, que ya llegará; llueve, y lo único que ha cambiado ha sido el olor de la lluvia, que ya no huele a invierno y a leña, sino a brote y savia, a hojas nuevas.
Se han caído ya las flores del almendro, esas que perfumaban las mañanas, como si alguien hubiera derramado miel. Pero las lilas han florecido, y ya los atardeceres se llenan con su olor, a limpio, a dulce, a verano.


Verano. Madreselvas en la noche. Calor y agua marina. Y tus ojos, hielo gris, en los que abrasarme y consumirme.

Y ni siquiera el pensar en ti consuela mi corazón.

jueves 26 de marzo de 2009

Oigo voces...

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miércoles 25 de marzo de 2009

Anhelo


Yo ya sabía, desde anoche, que hoy me levantaría con este ánimo gatuno, juguetón, imprevisible que, de vez en cuando, me posee y me controla. Me sentía más ligera, y a la vez tenía una inquietud no revelada, algo así como una sed de algo que no lograba concretar. No, no era vodka con naranja, mis queridos Lectores Constantes. Era… otra cosa…
No puedo echar la culpa de esto a la Luna, que no parece gobernar mis mareas, ni a la soledad de la que ni me acuerdo; ni a la tristeza, porque debajo de la turbación sentía un júbilo impreciso, una sensación de felicidad percibida, pero aún no encontrada... Era como saber que algo iba a pasar, un destello de un porvenir incierto pero esperanzado... Y me sentí con ganas de echar a andar y alejarme hacia ese futuro sin esperar ni un segundo más...

Pero he de reconocer que, cada Primavera, se me antoja lo mismo, y que hasta ahora, en un mundo de posibilidades infinitas, cada Primavera me ha traído algo bueno, algo alegre, algo que recordar cuando llega el Invierno y me quedo acurrucada, otra vez, junto a la estufa: la gata perezosa que hoy salía a jugar...

viernes 20 de marzo de 2009

La cosecha del hada


Un campesino, al sacar el cubo del pozo, se encontró con que, en vez de agua, había una linda muchacha sentada en él. Como no es frecuente que esto ocurra, y menos aún que la moza que sale del pozo esté completamente seca, el campesino comprendió al instante que aquella joven era un hada.
El hada, sentándose en el brocal del pozo, alabó mucho al labrador por el respeto con el que trataba la tierra que cultivaba y el cariño que demostraba por los animales que cada día le ayudaban en su labor. El joven contestó que era su obligación cuidarlos, ya que de la tierra ganaba su sustento y el de sus animales, y éstos no sólo eran compañeros de trabajo, sino que le acompañaban en su vida solitaria. Porque el campesino vivía muy lejos del pueblo, al que sólo iba un par de veces al año para vender su cosecha y aprovisionarse de lo que necesitaba y no podía conseguir por sí mismo, y en cuanto a su familia, hacía tiempo que sus padres habían muerto y sus hermanos se habían ido lejos, buscando su destino.
El hada le dijo que conocía todo aquello, y que si había salido del pozo era para proponerle una forma de acabar con su triste soledad, y era que se casaría con él y le ayudaría en sus labores. El mozo aceptó inmediatamente, pero advirtió al hada que él apenas tenía nada que ofrecerle. Ella le replicó que no se preocupara porque muy pronto le haría rico. El campesino, encantado con estas expectativas, no tuvo nada más que objetar. Así que se casaron.
Un día de primavera, el labrador llegó a su casa muy pensativo, y su mujer le preguntó qué le pasaba. Él contestó que venía de los pomares, y que los brotes de los manzanos le habían parecido distintos a los de otros años. Ella, muy tranquilamente, le contestó que no debía preocuparse, pero que había lanzado un hechizo sobre los campos y aquel año la cosecha no sería igual que las anteriores.
Llegó el tiempo en el que se recogen las manzanas sin que hubiera ninguna: los árboles seguían cubiertos de las extrañas flores que habían aparecido en las ramas, y así continuaron mientras en las otras granjas ya habían empezado a producir la sidra.
El malhumor del campesino iba en aumento, aunque su esposa le tranquilizaba diciendo que tenía que tener un poco de paciencia, pero cuando las hojas de los demás árboles cayeron y el invierno llegó hasta los campos, el hombre perdió los estribos y maldijo el momento en que había encontrado al hada del pozo.
Cuando llegó a su casa, estaba vacía, y parecía como si nunca hubiera vivido allí nadie, excepto él. Todavía enfadado, se alegró de estar solo de nuevo y mientras se iba a la cama, después de una cena fría, decidió que al día siguiente arrancaría los manzanos para plantar unos nuevos.
Se levantó temprano, y caminó hacia los pomares bajo un alegre sol invernal. Parecía haber reflejos de luz entre los manzanos, y al acercarse comprobó que las flores habían desaparecido y en su lugar NO había manzanas, sino unos extraños frutos luminosos con forma de estrella.
Sintiéndose de repente muy cansado, se dejó caer al pie de un árbol y contempló aquel espectáculo inusitado. Lo único que acertaba a pensar era que no sabía quién le compraría aquella extraña cosecha, ya que no parecía que aquella fruta tuviera ninguna utilidad.
Mientras pensaba esto, un carruaje acertó a pasar por el camino que lindaba con su granja. El coche se paró frente al pomar, y de él descendió el rey de aquel país, acompañado de su reina, que contemplaron los árboles con asombro. A una señal del monarca, el labriego se acercó a la carroza y el rey le compró todos aquellos frutos de luz, y le apalabró las cosechas venideras, y le entregó a cambio suficiente oro como para que el campesino no tuviera que volver a trabajar la tierra nunca más.
Sin embargo, y aunque ahora se había cumplido la promesa del hada del pozo, el hombre no era lo feliz que había supuesto que sería cuando fuera rico. Echaba de menos su vida de antes, y sobre todo echaba de menos al hada. Así que sus días transcurrían melancólicos junto al pozo del que ella había salido. Y si el hada volvió junto a él, compadecida por su tristeza y arrepentimiento, el cuento no lo dice.

Pero es lo que suele pasar cuando uno tiene algo y no le da el valor que merece. O peor aún, uno se enamora de un hada pero espera que el hada no se comporte como tal.

domingo 8 de marzo de 2009

La puerta entreabierta



Transcurre Marzo como una flecha de plata, deprisa, buscando el sendero de la Primavera que ya ha cubierto de flores los almendros... Corre también mi corazón, gozosamente, bajo las estrellas nuevas, tan limpio el cielo por la lluvia que parece que las pueda tocar...

Mi corazón busca, sin perder la esperanza. Buscan mis ojos el reflejo en los tuyos, y ese tibio amanecer que siempre desean contigo mis recuerdos...

Gris y dormido, mi corazón ha estado hibernando, esperando, ovillado en un cojín de sueños... Ahora despierta y busca su camino...

sábado 7 de marzo de 2009

Al final, se olvidó el dichoso globo...

Mi sobrina estuvo en casa cuatro días...

martes 17 de febrero de 2009

Sobre la entrada anterior


Los días pasados en Ávila han transcurrido rápidos y escribo casi sin aliento, para no dejarme nada de unas jornadas frías, de 4º bajo cero y escarcha por las mañanas, pero llenas de sol que se reflejaba en la nieve helada en las montañas.
La primera etapa de mi periplo por tierras abulenses comenzó en San Esteban del Valle, y es de señalar que una casi no tenía verdadera impresión de lo que significa “valle” hasta llegar a este pueblecito por una carretera, perdón, pista forestal, de noche y con amplios neveros sin derretir en la calzada en aquellos tramos donde no había dado el sol. Visto desde arriba, desde el Puerto del Pico, el valle oscuro estaba salpicado de luces, cinco pueblecitos como cinco charcos de estrellas: el Barranco de las Cinco Villas.
Ya en San Esteban, en plenas fiestas del “Vítor”, los vecinos habían encendido pebeteros con tomillo, incienso, y todo el pueblo olía a leña quemada, a yerbas aromáticas. Era la segunda jornada de la fiesta en honor a San Pedro Bautista, mártir del Japón e hijo de este pueblo, celebración que viene llevándose a cabo desde 1601. (Como yo soy un desastre con la cosa de las cámaras y tal, os dejo un enlace a un vídeo sobre tan interesante fiesta)
Los demás días, pasados junto a mi familia, junto a mi hermano al que si no fuera por estas escapadas vería aún menos, pues lo normal: Ávila tiene su propio encanto, no necesita nada más que ser pisada y recorrida, cada tiempo tiene su aquél, y ahora, en Febrero, había cigüeñas en cada espadaña y en cada campanario. Nada de chuletón, porque soy incapaz de digerir semejante cantidad de carne, y además me gusta muy hecha... Sí, soy una hereje, lo confieso... Verduritas y patatas "revolconas," y gracias...
El regreso, en coche, por la sierra de Madrid, con pocas ganas de hablar y mucha de reflexionar... Nieve en el horizonte. Un recuerdo de D. Francisco, al mirar al campo: "los arroyos del yelo desatados..."

En Ávila, mis ojos...

Rosetón de la Catedral
Desde "El Grande": la muralla y la nieve
La Paramera




miércoles 4 de febrero de 2009

Sentidos


Tu voz acaricia mis oídos,
y tus labios, encendidos, mis labios.
Oído, gusto, tacto… Te huelo,
(brezo, agua marina),
en mi cabello.
Mi corazón se eleva,
mientras me besas,
y el tiempo se detiene
formando una espiral de estrellas,
sobre mi cabeza, girando,
con los ojos cerrados.

miércoles 21 de enero de 2009

El camino a la Primavera

Lejos, pero no tanto como parece, está la Primavera... Sólo hay que seguir su camino, ciegamente, sin mirar atrás, con fé. Allí, adelante, más allá del Invierno, hay una pradera verde, las ramas florecidas del almendro, el canto de los pájaros, y un sol más cálido que derrite el hielo del corazón.
Yo espero, espero la Primavera como espero todo lo demás: el amor de Morgil, la plenitud de la vida, y el encuentro con Dios cuando todo termine. Espero, pero no confío, que se cumplan los dos primeros. Espero, sin dudarlo, en la misericordia del Señor y en verme en su presencia un día.
La Primavera llegará, traiga lo que traiga, pórtico del Verano, de soles y lunas claros y despejados, de agua de mar, de música y corazón ardiente. Mi corazón.

lunes 22 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad!

Navidad1

lunes 15 de diciembre de 2008

El final del Otoño



Se han cubierto las mañanas de brumas y el Otoño,
los dorados días del Otoño se marchan
llevándose la luz tardía entre los árboles
que sueñan con la carga verde y nueva de sus ramas.
La lluvia que golpea el cristal de mi ventana
es la nieve futura que auguran las montañas.
Parece que no fuera a volver la Primavera,
ni los cielos de Estío, luminosos y azules,
cargados en la noche de estrellas peregrinas,
brillantes como joyas entre el ramaje verde.
Y yo, sentada ahora ante el recuerdo,
pienso en si pasaré otro Invierno sin tus brazos;
si, en la Primavera, llevada de tu mano
caminaré en la hierba más nueva, y si el Estío
me traerá agua marina y el sabor de tus besos.

viernes 5 de diciembre de 2008

El primer año en el desván

birthday Pictures, Images and Photos




¡Gracias a todos los que lo habeis visitado!

martes 21 de octubre de 2008

Gatos y estrellas

Ahora es cuando se confundirán con la noche del todo, definitivamente...



domingo 5 de octubre de 2008

Ya lo dijo Fangoria...

martes 30 de septiembre de 2008

Otra vez por aquí...


Vuelvo tras un paréntesis en el que he dejado transcurrir el tiempo como el que tiene un caudal inagotable, soy una derrochadora impenitente… Escasa la última entrada y con visos de predicción sobre lo que a día de hoy es la realidad de mi alma: otra vez he vuelto a mis rutinas, a pesar de intentar con todas mis fuerzas hacer cumplir ese refrán, en mi caso absurdo: “un clavo saca a otro clavo…”
Falso de toda falsedad: no hay quien arranque de mi corazón el amor que sigo sintiendo por Morgil, ese fuego que me devora, y por mucho que lo intento, por mucho que he puesto de mi parte, soy incapaz de dejar de sentirle muy dentro, tanto que no le alcanzan ni el paso del tiempo ni la entrega a otros brazos. Dice el adagio que, en el amor, no basta con atacar, sino que hay que tomar la plaza, y en mi caso la plaza estaba ya rendida a mi dulce enemigo, sin que tuviera que disparar ni una salva… Qué le vamos a hacer. Como ya saben mis Lectores Constantes, para mí el amor tiene más parte de sufrimiento que de alegría. Vivo envuelta en la amarga manta de la indiferencia de un hombre que ni siquiera ha pretendido ser indiferente, simplemente es así.


Tu amor,
un clavo oxidado
en la tabla de mi corazón.


Y qué me importa nada… Continúo mi camino, como el corazón me dicta. Quizás un día aprenda a escuchar a esa voz interior que es más mi propia voz que la mía, que me dice que las cosas no van a cambiar, que soy suya a pesar mío, a pesar suyo, y que tiene que ser algo muy fuerte, un terremoto afectivo, una explosión cósmica, lo que me haga cambiar.
Hasta entonces, seguiré intentando ser yo misma, haciendo las cosas a mi modo, equivocándome, aprendiendo… Es la única forma que conozco de vivir.

lunes 22 de septiembre de 2008

Cuanto más lejos...

Cuanto más lejos estoy de él, más cercano le siento...

Por que, ¿para que engañarme? Todo lo que me lo recordaba, me lo sigue recordando...

Me cruzo por la calle, una rua lejana en una ciudad portuaria, con alguien que se le parece, o que no se le parece, pero que camina con la misma ligereza, un andar gatuno, la cabeza levantada, ese perfil de moneda romana que me encoge el corazón... Y le recuerdo, y le siento.

Y no me importa que yo no le importe. Eso es verdadero amor, me temo.


"...occhi di sole mi bruciano in mezzo al cuore..." (Gianna Nannini: "Maravigliosa creatura")

viernes 29 de agosto de 2008


Intenté parar el reloj,
aunque sé que el tiempo no se detiene.
Pensé en lo que he vivido contigo,
y en lo que queda por venir.
Y mientras reflexionaba comprendí
que todo lo que soy ahora,
lo que sé, lo que ignoro, lo que espero,
no es más que una parte del camino
para llegar a él.
El latido del reloj mide ahora tus horas,
confundido tu sendero en el mío,
ausencias y momentos compartidos que extraño,
que van formando el álbum que guarda mis recuerdos,
por un momento tuyos, y tuyos para siempre.

martes 26 de agosto de 2008

Nocturnal

Hoy no ha sido un buen día, y casi estoy deseando que termine. Empezó de madrugada, cuando me desperté y me tuve que levantar en busca de un poco de agua, o de aire, o de algo... Supongo que no era más que aprensión, las típicas reacciones al dolor, como siempre me pasa en estos días... Además, había soñado, un sueño absurdo, casi pesadilla, en el que me hablaban en susurros; sin color, y en medio de la lluvia. Un sueño urbano, con el sonido de los coches sobre el asfalto mojado como fondo, oscuro y nocturno.
Así que me desperté enredada en las sábanas, con la frente caliente y los labios secos, y me puse a dar vueltas por la casa. En la pared, el termómetro marcaba 27º. Tampoco era para tanto, pero el agua me pareció tan fría, casi helada, que me temí que me hubiera subido la fiebre. Pero tampoco era eso, simplemente era calor.
Me senté en la terraza, buscando algo de brisa. El cielo, encapotado de nubes, me ocultaba las estrellas. Sin saber muy bien porqué, comencé a pensar en cambios, en deseos pasados y en el porvenir. Hacía ya unos días que alguien me había preguntado qué esperaba yo de la vida, si es que esperaba algo, y ahora me parecía que la respuesta estaba ahí, al alcance de la mano, pero invisible, como a veces se nos esconden las cosas cuando las tenemos enfrente...
De repente, una ráfaga de viento descorrió las nubes, y una estrella brillante se mostró entre los jirones blancos. Y pensé que yo, que era antes galerna y velero ahora quiero ser puerto y faro y destino seguro.
El dolor me ha acompañado todo el día, pero todo es cuestión de acostumbrarse. Así ha de ser, es el don y la maldición de cada luna que pasa. De todas formas, espero la mañana, mañana, cuando desaparezcan por completo la melancolía y la tristeza, o al menos se retiren un tanto, hasta la próxima vez.

lunes 4 de agosto de 2008

Calor...

Dicen que es por la entrada de aire venido de África, nada que ver con el calentamiento global, un simple movimiento de las capas de la atmósfera que hace que el termómetro suba, y suba, y alcance los 40º sin ningún tipo de compasión.
Yo, que de meteorología entiendo lo mismo que de física cuántica, me imagino ese viento caliente atravesando las dunas, creando un mar de arena amarilla, soplando hacia el Norte, cruzando el mar, y entrando, oportunista, entre dos capas más frías, azules ellas, que se estremecen al sentir su caricia de fuego. Y cuando llega a mí, un poco menos cálido, el soplo ardiente es ya una brisa que seca, en un instante, las gotas de agua que caen sobre mi espalda, y que me recuerdan la caricia de tus dedos.
No queda lugar donde esconderse. Sólo el chapoteo intermitente en la piscina, agua azul, agua blanca, la sombra artificial del toldaje, la sombra verde de los álamos en el césped, reseco a pesar de los riegos...
Me siento al borde del agua, y salpico, como si fuera una niña, con los pies, mientras espero el cambio, el aire fresco que, tarde o temprano, sacudirá los álamos, venido de la sierra. No hay prisa. Todo cambia, nada permanece.

domingo 20 de julio de 2008

Para ElMo

Ahí a la derecha ( ahora debajo) queda el videoclip del tema de Scorpions que comentamos anoche...




martes 15 de julio de 2008

Me siento como una máquina que ha pasado demasiado tiempo sin funcionar, como si los engranajes estuvieran oxidados, o peor aún, rotos, por falta de uso.
Mi corazón, ese caballo al galope al que no puedo controlar, va y viene, dando bandazos, como si hubiera bebido una copa de más y no supiera como detenerse, quizás esperando que se abra un precipicio para dejarse caer... Pero a la vez, el bocado y el freno lo reprimen...
Lo único que parece funcionar con normalidad, o al menos aún sigue haciendo ruido, es mi cabeza. Pero no siempre puedo confiar en que haré lo correcto siguiendo lo que dicta mi frío cerebro, que siempre, siempre, decide lo más sensato. Pero hay cosas en las que no entra la sensatez, sino la locura, el dejarse llevar...
Yo no sé si lograré que alma, corazón y mente se pongan de acuerdo. Ni siquiera sé si realmente sé amar. Pero lo intento. Lo intento...

lunes 14 de julio de 2008

Entre molinos


domingo 6 de julio de 2008

Piloto automático




Sí, así es como me siento hoy, como si estuviera viviendo gracias al piloto automático, que me permite moverme de un lado para otro, zombie en mi propia casa, todo ello debido, más que nada, a trasnochar.


Me he quedado dormida mirando mi correo, ha sido algo que no me había pasado nunca, ahora las lentillas me pasarán factura. Ayer fue un día completo, cansador, estupendo y bastante malo, todo ello a ratos. Calor, mucho calor; caminar arriba y abajo, (más hacia arriba que hacia abajo, me temo), comida y cena con amigos y luego... luego...


No me acostumbro. Ya he perdido la capacidad de pasar la noche en blanco, y qué decir de beber. Nada, un vodka con naranja, y gracias. Y eso que en la cena tomé agua. Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que me levanté fresca y descansada después de tres horas de sueño. Claro que anoche, o esta madrugada más bien, no me podía dormir.


Ha sido un cambio bonito en mi vida el volver a vestirme para gustar, pensar más en alguien de lo habitual, y que ese alguien esté ahí, y me haya apoyado con sus gestos, sus palabras, sus miradas. Compartir. Eso que ya había olvidado...


Luego, el gato que habita en mi alma se desperezó otra vez y atravesó la noche, oscura y calurosa, hasta perderse en la madrugada. Y hoy se enrosca en un ovillo, sediento de sueño.


No importa lo que tarde en recorrer este camino, ni siquiera importa si es el camino real. Por ahora, no me preocupa nada de eso. Sólo importa que soy yo, yo misma, que soy capaz de dar, todavía, y también de esperar. Y eso es lo que me mantiene.

martes 17 de junio de 2008

Me he regalado...


... una serie japonesa, Saiyuki, anime en estado puro... Me gusta este tipo de animación, sin duda fué Outlaw Star la que me abrió los sentidos a este tipo de dibujos, donde se mezclan la violencia, las tradiciones y la belleza plástica para contar historias llenas de fantasía, que lo mismo pueden transcurrir en tiempos lejanos, como en un lejano futuro imposible o en un plano distinto de espacio y de tiempo...

Saiyuki tiene esa combinación de fantasía y tradición de la que hablo, pues si bien transcurren en un mundo imaginario los protagonistas viajan en jeep, persiguiendo demonios mientras los dioses les persiguen a ellos.

Mi héroe favorito: Genjo Sanzo, el monje budista guardian de los escritos sagrados y que tiene un humor de perros, (como siempre, los amargados con corazón me roban el mío), el "sol malhumorado" que cuida de Son Goku (¿recordais "Bola de dragón", compañeros cercanos a los 40 años? Pues es el mismo o muy parecido personaje... siempre hambriento, con poca cabeza y un bastón con el que reparte leña...), y al que acompañan Cho Hakkai, el intelectual, encantador, siempre de buen humor, con su dragón blanco pequeñito, y el seductor y guerrero Sha Gojyo.


La recomiendo a todo aquel que no haya dejado de ser niño, en su corazón...

miércoles 11 de junio de 2008

Y cuanto más lo leo...

No es muy bueno, ya lo sé, y no es lo que merece. Morgil no necesita mis palabras, de todas formas. Él, como su nombre, es oscuro y cerrado, y sin embargo yo veo esa luz que guarda, celosamente, en su interior; miro y en su armadura, (esa que ha creado para defenderse y que al final se ha convertido en un arma de doble filo, porque mantiene fuera todo, lo mismo lo bueno que lo malo), las junturas dejan escapar un rayito de lo que es. Y porque a veces, al mirarle a los ojos, hasta casi ahogarme en su mirada, he vislumbrado al Morgil que hay detrás, el que se esconde de todos los demás.
No es corriente que una criatura como yo, una elfa del bosque, sienta lo que siento por un elfo oscuro. No es corriente, digo, pero no es imposible. Mi corazón suele volar, como una de mis flechas, hacia la Oscuridad, porque está en mi naturaleza. Y nadie lo diría, cuando miran mis ojos del color de las olas, o mi aspecto amable, y juzgan el libro por la portada o por las primeras líneas. Bondad, candor, inocencia. Pero en mi interior también hay un Morgil, una estrella oscura que alimenta la mejor parte de mí, que pocos conocen. Y que se trasluce, también, a través de mi armadura, porque presiento que él ha mirado dentro, con esa intuición que tienen las almas forjadas en los mismos moldes, (dolor, soledad, desamor), y ha visto algo de su propio corazón.

martes 10 de junio de 2008

Morgil




Mi alma encadenada a sus palabras,

y mi cuerpo prisionero de su aliento...

(Si sus brazos, por fin, me rodearan,

y sus labios me rozaran el pelo...)

Tan sólo yo descubro en su armadura

la grieta que me muestra lo que hay dentro.

Morgil, la estrella oscura, que ilumina

su camino y el mío, sin remedio:

el dolor de sentirte, mi elfo oscuro,

de sentirte y de tenerte lejos...

viernes 6 de junio de 2008

Una promesa...

... es una promesa, y a pesar de la racha tan tonta que llevo, (además de estar liada, he caído enferma), no puedo dejar transcurrir más tiempo sin, por lo menos, agradecer a Arcendo los dos premios que me entregó hace unos días: el Premio Blog Dorado y el Premio Mimo.
Muchas gracias, Señor del Arce, como siempre una alegría que seas mi mayor fan, mi amigo y mi hermano en la fe. Un abrazo enorme y espero poder correspoderte como mereces, algún día.

viernes 30 de mayo de 2008

Ave nocturna


Es tu perfil de halcón el que persigo
en cada despertar, sobre mi almohada.
Es tu cuerpo el que sueño cada noche,
esperándote contra toda esperanza...
Eres el dueño, el señor de mi universo,
y no lo sabes. Te entregado mi alma.
Eres, por mi desgracia, amor perfecto:
yo te doy todo y tú no me das nada...

lunes 26 de mayo de 2008


"Cuando soy buena, soy muy buena,

pero cuando soy mala, soy mejor"


Mae West

miércoles 21 de mayo de 2008

Capri

Un rato de conversación, una simple y deliciosa charla en esta noche lluviosa. Charla, una vez más, a través del messenger, que ya se ha convertido en parte de mi vida. Como ya he dicho, mi ordenador comienza a parecer una parte vital de mí. Qué sería de nosotros si un pulso electromagnético viniera a devolvernos a los tiempos de antes, en los que se escribían cartas y simplemente se conversaba en la misma habitación...
Con las idas y venidas de diferentes temas ha surgido la idea de un verano ideal, o al menos, de un descanso ideal, y medio en broma he dicho que sería volver a Capri, una semana entera, y dedicarla al sol, playa y limoncello.
Evidentemente, no me gusta tomar el sol, la playa en Capri es limitada, y lo único que me quedaría sería sentarme en una terraza a beber limoncello mientras contemplo la caída de la tarde sobre el mar. (Que imagen más absolutamente decadente, ahora que lo pienso). Esas supuestas vacaciones tendrían otros alicientes: levantarme tarde, algunos días, para ir a holgazanear a la piazzetta de Capri; madrugar otros, para visitar Anacapri, o ir en motora a ver los faraglioni, o volver a la Grotta Azzurra...
De pronto, siento que no es demasiado importante volver o no, simplemente la posibilidad, la emoción de planear el viaje hace que me sienta un poco más viva, y con esperanzas.
Algún día, no sé cuando, escanearé las fotos de Capri, de mi primera vez en Capri, y las colgaré por aquí. Ahora me conformo con volver a hojear el albúm, con contemplar mi propia sonrisa bajo el cielo de Capri...

martes 20 de mayo de 2008

Un café, por favor

Estoy medio dormida, la semana es dura en tierras toledanas, nada menos que la semana del Corpus, y yo estoy haciendo planes, quien vendrá, si iré a la procesión del jueves, (como no, en Toledo lo hacemos todo a lo grande: dos procesiones del Corpus, hala), quiero hacer fotos para colgarlas en Facebook, y quiero verla con más tranquilidad que el domingo, cuando las calles están llenas a rebosar de propios y extraños...
Quiero, quiero... Repaso la agenda, tendría que tener más vida social. Me he convertido en una ermitaña, casi sin quererlo, o casi queriéndolo, que es lo peor del caso. Estoy a gusto así, sola, con mis amigos del otro lado del ordenador, con los que charlo y tengo tanto en común...
Y entonces, pum, de repente, recuerdo que alguien prometió compartir un café conmigo. Y aunque estoy medio dormida, las ganas de pasar un rato en su compañía son mas fuertes que el reclamo silencioso de Mickey, mi gato, (o mejor decir, que yo soy suya), hacia la cama, y me siento y posteo con la esperanza de que lo lea mañana y me diga algo, yo que sé, una fecha de aquí a un mes... Y luego pienso en borrar la entrada, y me decido a dar al botón naranja que la publica, porque de verdad, de verdad, me apetece, necesito ese café...
Empiezo a comprender eso de "yo tenía una vida, pero internet se la comió"...

lunes 19 de mayo de 2008

Y a todo esto...


...yo, flirteando casi sin darme cuenta, pero sintiendo que algo ha vuelto a su sitio, que sonrío al pensar en él... Inocente, despreocupada, con ese sol ardiente que me prende, aquí, en mitad del pecho, con un resplandor que no puedo evitar que me suba a los ojos... Tan sólo mencionarle, oir su nombre en otros labios, y el día vuelve a ser soleado y cálido, un día de playa, y sol, y agua marina... Y todo esto así, sin esperar nada.

Eso es amor, en mi lenguaje...

domingo 18 de mayo de 2008

Breve pero intenso


Termina el fin de semana, se van mis parientes y el día, lluvioso y desapacible, parece más de otoño que de primavera. Parece mentira que ayer estuviéramos volando la cometa, (una cometa de plástico, de colores chillones, casi un homenaje al mal gusto, con la cola arco-iris y una mariquita como tema central), para disfrute de Vivi, que con apenas un año y dos meses ya dice "gato", y "agua", y "cão" (que es "perro" en portugués), y hace pitos hacia todo bicho viviente... Aprovechando el viento, hacíamos subir unos metros el artefacto, mientras ella, toda sombrero y gafas oscuras, como una veraneante en miniatura, levantaba los brazos en gesto de asombro, porque papá corría como un poseso de lado a lado del jardín para divertirla, mientras la "titia" sujetaba el hilo para obligar a aquella cosa de colores a subir...
Atesoramos esos momentos, porque cuando vuelva, en verano, ya habrá descubierto otras cosas que la asombrarán más, y el año que viene ya será capaz de explicar lo que quiere y lo que le gusta, y así irá cumpliendo esa ley inexorable que todo ser humano lleva escrita en los genes, y que es terrible y maravillosa a la vez. Y además, en mi caso, me temo, porque quizás no tenga hijos propios de los que guardar estos recuerdos, y me conforta la idea de la pequeña mano en la mía...

martes 13 de mayo de 2008

¡Día de Queso!

He pensado que ya que los martes y 13 tienen tan mala fama entre el personal, voy a empezar a llenarlos de queso. Si, eso, lo que estais pensando. Ahí os los dejo, en el post de más arriba.

Ah, y que no me venga nadie con coplas tipo: "Los feos son más interesantes"... Eso es algo así como decir que todas las rubias somos tontas... Pongo un ejemplo: ¿una velada con Jean Paul Sartre o con uno de mis chicos? Simplemente es... soñar...

Pues eso.

lunes 12 de mayo de 2008

Dormida


Hace unas cuatro noches me soñé entre tus brazos,
(la Primavera altera mi libido y mi sangre);
me desperté buscando tu cuerpo y tus caricias
y descubrí que estaba sola en mi propia cama.
Hay momentos nocturnos en los que tu recuerdo
me traspasa la piel como un hierro candente;
quisiera ser tu amante también de madrugada,
no soñar con tu amor, sino tenerlo al lado.

Imagen: "Dormida" de Claude-Marie Dubufe con filtro de Photoshop

domingo 11 de mayo de 2008

10 de Mayo

Ayer hizo un día de El Greco, gris, lluvioso y desapacible. Caminamos bajo la lluvia, unas veces más intensa, tanto que tuvimos que refugiarnos en un bar, otras más suave, dulce. Pero en ningún momento fue un día triste o aburrido. No con una compañía como la de Nora. Por desgracia, los demás amigos no pudieron venir, aunque estuvieron presentes en nuestras conversaciones y en nuestro recuerdo. Se perdieron un Toledo de plata, charcos en el suelo como pedazos de espejo y toldos recién colocados para el próximo Corpus. No hubo mazapán. Por alguna broma cósmica, fue lo único que faltó para ser una tarde completamente toledana...
Espero, deseo, que se repita la experiencia. Y que no seamos sólo dos las que disfrutemos de las vistas bajo la lluvia. Espero, deseo, que seamos más y que haga sol.
La próxima será mejor.

miércoles 7 de mayo de 2008

Dos amigos, dos premios

Me temo que no estoy preparada para ésto... Hace ya unos días que Arcendo me encasquetó (con todas las letras), de forma sutil, el premio Anarco-onda Cachonda, (como ya le dije en su blog, me he esforzado para que este rinconcito parezca un salón de té, fino, delicado... y me plantan en la puerta un cartel de "te hemos pillado"...) En fin, para qué protestar, comienzan a conocerme...


Y por si no fuera bastante, Martha me entregó ayer el premio Premio Marcial Ruiz Escribano 2008. Y si miráis abajo, donde se encuentran las imágenes que ilustran ambos galardones, vereis que el retratado en éste no es otro que... ¡el Gañán!.....


Gracias a los dos. Me esforzaré más si cabe en llenar el blog de pajaritos, hadas y pericadas por el estilo. Pero me temo que a vosotros ya no os engaño más...




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lunes 5 de mayo de 2008

Evocación

Con sus dedos marinos
mi amante de agua verde me acaricia,
y sus besos de sal llenan mis labios

domingo 4 de mayo de 2008

Advertencia: no es un post alegre.


Casi ha terminado el Día de la Madre, que más de un sinsabor a dado a alguno que se olvidó de tal fecha, (lógico, por otra parte, ya que es una de esas festividades móviles, aunque ésta no es de las difíciles, véase si no el Corpus Christi), y yo, que ya he terminado de cumplir mis deberes como hija, pienso en lo de El Corte Inglés y en los que, tal día como hoy, no pueden pasar el día junto a la "autora de sus días", por encontrarse lejos, como mis hermanos; por causa de rencillas familiares, que llevan al distanciamiento; o por el motivo más terrible que me puedo imaginar: la muerte.
Creo haber dicho en alguna ocasión que, en mi caso, he sufrido la pérdida de mi padre, y puedo confesar sin orgullo que lo llevé bastante bien, sobre todo por mi madre, ya que era ella la que más perdía en este caso, al quedarse sola, y me volqué más en consolarla a ella que en mi propio dolor.
No puedo ni imaginar el día en que ella me deje. En realidad, NO QUIERO imaginarlo. Sé, tengo la certeza, de que lo superaré, porque todo en la vida, hasta el mayor dolor, se deja atrás en un momento u otro, pero prefiero hacer como que ignoro que este hecho tiene que producirse algún día y que lo sufriré sin remedio, a no ser que mi propia vida se haya extinguido antes. Y de su terrible peso sobre mí me da cuenta el que tenga más miedo de perderla que de morir yo.
Cuando estos pensamientos se apoderan de mi insomnio suelo presentir que el más eficiente remedio para mitigar ese dolor serían mis propios hijos, de tenerlos. Pienso en los amigos que ya pasaron por este trance, y hago dos listas: los que tienen su propia familia, y los que siguen, como yo, solos. El resultado es que aunque sé que en los dos casos sintieron el mismo amargo dolor, los que tenían hijos lo superaron de otra manera. Su madre, tan importante, ya no era LO MAS importante. Ahora había otra carne de su carne, no más cercana, pero más de ellos.
No sé porqué me he puesto a escribir y me ha salido una entrada tan terrible en un día tan feliz. Quizás porque tengo muy presentes a los que hoy no lo han celebrado, y porque he mirado a mi propia madre y la he visto cansada. Quizá sea el clima, tan cambiante estos días, que hace que se resienta de sus antiguas lesiones. Quizá. He ido a la cabecera y he cambiado el título, que era más luminoso, por éste que parece una etiqueta en un frasco de cicuta. No, este no es un post alegre.

jueves 1 de mayo de 2008

Velero


Si yo pudiera
navegar por tus aguas,
vivirte en un instante, aunque doliera.
Hacerte ver el mundo por mis ojos,
llevarte al horizonte de la espera...
Si yo pudiera,
perseguiría tus sueños,
contaría contigo las estrellas...
Si yo pudiera...
Si tú quisieras..

Con un puñado de arena....

Me ha parecido tannnn bonito...

lunes 28 de abril de 2008

Banalidad

Suele ocurrir que cuando nos encontramos en una reunión en la que apenas conocemos a los otros participantes se recurra a temas como el tiempo para comenzar a conversar, o se hagan preguntas del tipo “¿a que te dedicas?” o “¿vives aquí?”, banalidades a las que nadie da importancia y que se suelen contestar por impulso con la verdad o al menos, con una explicación lo menos complicada posible. Son simples cortesías, socialmente aceptadas y a las que casi siempre nos sometemos con agrado, ya que, normalmente, no hay otro ánimo en nuestro interlocutor que el de romper el hielo...
Esto no es siempre así. Por causa de alguna ignota maldición cósmica, tengo algunos parientes lejanos, no todos del género femenino, que suelen llevar preparada una batería de preguntas contra mí cuando los encuentro en algún acto social, (por desgracia, casi siempre en un entierro).
El número de preguntas que contesto ha ido disminuyendo con el paso de los años, ya que bien por razón de rapidez mental, (ellos están ya mayores y un tanto gagá, mientras que yo estoy aún a cierta distancia de la completa madurez), o por pura lógica, hay cosas que se preguntan a una edad y se dan por supuestas en otra.
Habitualmente, las tres preguntas estrella son: “¿Tienes novio?”,(en mi caso, al llegar a cierta edad, hay una variante: “¿te has casado?”), “¿Trabajas?”, (ésta es la adaptación del “¿Que estudias?” de hace unos años), y por último, una que siempre me deja perpleja: “¿Te sacaste el carné (de conducir, se entiende)?”, (por algún motivo que desconozco, deben considerarme incapaz de hacerlo, porque leo la suspicacia en sus miradas cuando les respondo afirmativamente...)
Una vez pasado el trámite con tres monosílabos, que han ido variando con los años, huyo de ellos recordando siempre el chiste aquel del que comenzó a responder a sus tías, que le preguntaban cuando iba a tomar ejemplo en las bodas, haciéndoles la misma pregunta a ellas en los entierros.

Todo esto viene a colación de un fin de semana agotador en el que lo que podría haber sido un simple encuentro de desconocidos, se convirtió en una maravillosa reunión con la familia. Esa familia que no tiene nada que ver con la sangre, y cuyos miembros elegimos entre los que nos rodean: LOS AMIGOS.


Imagen: Corazón de chocolate....

sábado 26 de abril de 2008

Yo soy como el caballo, que galopa
sin volverse a mirar a su jinete...

viernes 25 de abril de 2008

Lágrimas


Como siempre que me siento así, ambivalente, me refugio en mis recuerdos, y este sabor agridulce que esta noche me llena la boca me trae, en una ráfaga helada que me desconcierta, el que no es ni tan siquiera recuerdo, ni sueño...



El sonido de su voz es como agua que cae,

y no me importa tanto lo que diga

como que siga hablando. Que la lluvia,

(sean tormenta o calma sus palabras),

me empape de la cabeza a los pies.

jueves 24 de abril de 2008

¡Siameses!

Éste es un premio, cuanto menos, raro... Son dos en uno y uno nada tiene que ver con el otro, pero, como dijo Jack el Destripador, vamos por partes. Arcendo, que es mi mayor fan, me hace llegar este "Eclipse de luna"y "Planeta Azul", que son inseparables, y se conceden a aquellos blogs que contribuyen a fortalecer los sentimientos humanos y son partidarios del cuidado del planeta.


Tengo que reconocer que los únicos sentimientos humanos que me preocupan en este pequeño desván son los míos propios, que comparto con vosotros, lectores constantes, de los que quisiera saber más y poder hacer mías vuestras inquietudes y proyectos, vuestros sueños más personales... Si va por ahí el contenido del premio, bienvenido sea. Y si no, también.
Sobre el cuidado del planeta, en mi República, cuna de estos Juguetes, sería no delito, sino pecado, obrar en contra de la Madre Natura, si existiera una población activa aparte de mí. Es lo que tiene ser la Primera (y única) Dama de mi propia ciudad-estado: Bar Galen, la ciudad verde, la capital.


Hoy no tengo ganas de seguir, estoy feliz, y nerviosa, por una parte, y cabreada y nerviosa por otra, y no podría disfrutar el pensar en los amigos a los que enviar este premio tan bonito.
Luego, en unos días, quizá, vuelva a pensar en ello. Pero esta noche quiero escaparme a mi mar interior y dejarlo todo, hasta la puerta abierta, y sentarme en la playa a contar las olas...

miércoles 23 de abril de 2008

Amistad, divino tesoro...

Me siento abrumada. Arcendo me envía otro premio, esta vez va de amistades peligrosas... El premio Amistad, que sólo puede entregarse a cinco blogueros, injusto, como siempre, porque en la blogosfera se conoce a tanta y tan buena gente a los que considerar amigos...
No puedo elegir sin quedar mal con alguien... Querría devolverlo a Arcendo, pero él opina que hay que compartirlo con quienes no lo han recibido... Quiero que lo tenga Claudedeu, por quien siento una especial debilidad, y con el premio darle un abrazo que, por desgracia, sólo puede ser virtual... A Nora, que ha entrado en mi vida como un huracán, y con la que comparto tantas cosas... A Fede, otro de mis más antiguos amigos en la blogocosa, que ahora está missing... A Caco, que es un sol, y me hace reir, (espero que sea recíproco, XDDD), y aquí llega el problema, ya se me terminan los premios y me acuerdo de tantos... No os enfadeis conmigo, el último para Marce, que ahora es un Cowboy en paro de verdad...
Todo mi cariño para todos...

viernes 18 de abril de 2008

Ya no los hacen como éstos...

Estaba dando una vuelta por YouTube cuando encontré este vídeo dedicado a uno de los actores que más me gustan, de esos que una desearía que vivieran para siempre, aunque ya hace 28 años que nos abandonó, casi ná... Después de verlo, (Dios mío, esos ojos de hielo, esa sonrisa...), me costó reaccionar... Pensé: "ya no los hacen como éste...", ni como Connery, Redford, Mason, Gable, Heston, y un largo etcétera. Juzgad por vuestra cuenta...


jueves 17 de abril de 2008



Los álamos cantan la canción del mar

susurrando en la noche con voces de plata;

hay un océano oscuro entre nosotros...

(Los árboles esconden el cielo con sus ramas)

Un oleaje de sombras salpica nuestras almas

que, sonámbulas, vagan por sendas encubiertas,

esperando encontrarse antes del nuevo día...

(El sol de la mañana ya está cerca)

lunes 14 de abril de 2008

Gracias


No sé como decirlo: es miércoles, llueve, no me apetece postear, y tengo ahí, pendiente desde el domingo, un premio más que inmerecido de parte de Arcendo, así que como aún me queda, (poca, pero algo queda), conciencia, me dispongo a perpetrar otra entrada, pero no sé como me saldrá, mi alter-ego de los fines de semana está missing en otra dimensión paralela... y con el móvil apagado. Como siempre...


Que el querido Señor del Arce diga que éste es, de los dos que tengo en propiedad, su favorito, hace que me sienta muy feliz, porque, (entre nosotros), las tonterías sobre el mundo real de mi otro sitio no son tan mías como las que dejo aquí. Esta soy yo, o al menos, la parte de mí que no suele salir en las sobremesas, la que sólo se asoma al mundo en la oscuridad, con una copa en la mano, susurrando sus secretos a oídos privilegiados... La parte secreta, profunda, escondida, esa que siempre buscan en mí los que me han buscado... La parte que es, verdaderamente, libre. Y la que lucha por la libertad...


Llueve otra vez. No importa: mi otro yo, seguramente, se sienta en la arena de una playa soñada, bajo las estrellas, escuchando a Chris Rea...


sábado 12 de abril de 2008

No hay sabadillo sin sol...


...ni doncella sin amor, o eso decía mi abuela, y aunque en este sábado sólo se cumple la primera premisa, (un sol, me temo, pórtico de más lluvia, esa lluvia tan necesaria), el verle la cara a Lorenzo me ha alegrado el día, y me he pasado un buen rato holgazaneando bajo su calor y su luz, esperando contra toda esperanza que esta piel mía tan vampírica tome un poco de color, al menos el color de los albaricoques recién madurados, o un tono menos. Cualquier cosa menos esta blanca palidez...

Me miro en el espejo, ya no tengo edad de andar pensando en cuerpos-danone, los años no perdonan, pero todavía me queda un poco hasta que llegue aquello de la arruga es bella, y espero envejecer con elegancia. Mi piel blanca sigue tersa y suave, un lienzo en blanco moteado con lunares, (cuántos, no lo sé; mi primer novio se empeñó en contarlos, pero me daba la risa y lo tenía que dejar), en el que hay un espacio reservado para Chris Garver, (el sueño loco que nunca se cumplirá de viajar a Miami y hacerme tatuar por el maestro de maestros)...

Y mientras escribo, la luz se vuelve más dorada y más cálida, y me recuerda que a pesar de las borrascas por venir, la primavera está entre nosotros, pórtico de un verano en el que, quizás, se cumplan otros sueños y lleguen otras ilusiones, cosas que no envejecen...

jueves 10 de abril de 2008


Estoy bailando sola, en mitad de la noche;
sobre el tejado brillante de luna, bailo para mi goce.
Estoy sola, sola, en mitad del tejado
y me envuelve la luna en el calor de la noche.
La música del verano, la canción que me acuna;
las estrellas que iluminan mi baile hasta el alba clara...
Si mi amante me viera, creería que estoy loca,
bailando hasta la mañana, del atardecer al Sol.
Los relojes se me paran cuando sale la Luna,
y cuando bailo sola soy, soñando despierta,
una gata que baila en un tejado vacío.

domingo 6 de abril de 2008

Cada día más mona...

Arcendo ha tenido la idea de considerarme apta para recibir este Blogger Sapiens Award, que viene a consistir en un premio para los blogueros que tratan temas serios pero sin perder el humor. Después de darme una vuelta por esta vuestra casa he descubierto que el autor de La Hoja de Arce tiene parte de razón si consideramos que algunos de mis post tienen un punto de humor ácido... pero humor al fin y al cabo...
Bienvenido sea este nuevo galardón, inmerecido como todos los recibidos hasta ahora, que pasa a ocupar un lugar preferente en mis polvorientas vitrinas... Muchas gracias, Arcendo, por el premio y, sobre todo, por tu amistad.
Ahora hay que cumplir el penoso trámite de buscar cuatro almas cándidas, (pueden ser de 4 a 8, pero no me atrevo a tanto), a las que entregar el testigo sin que me repita demasiado, ya que el simpático primate anda dando vueltas por la red desde hace unos días, y supongo que hay vitrinas a punto de caerse con tanto premio, pero lo intentaré...
  • Para Charramunguero's world, cuyo equipo cumple a la perfección las exigencias del premio en cuanto a la forma de tratar las desgracias que nos acontecen.
  • Para El Cántaro del Aguador, donde cada gota de agua va mezclada con un poquito de humor...
  • Para Fede, El Gorrión, que está muy liado con cosas personales, por lo que puede hacer con él lo que quiera, (es, como ya sabe, simplemente un reconocimiento a su labor y a su amistad)
  • Y para Deveraux, que ha colgado los trastos y está de vacaciones de su Blog crítico con la España de Zapatero, por lo que puede considerarse honorífico y tal, y tal...

Bueno, pues ya está cumplido el trámite. Enhorabuena a todos y que siga ese espíritu...

Os dejaré echar un vistazo...

"Una lágrima.
Una gota de fría humedad recorrió su mejilla... ¿Una lágrima? ... La percepción se le despertó como un gato perezoso, lentamente, y con ella el recuerdo y la comprensión. No, no era una lágrima, no podía serlo... Debía ser agua, porque ahora la notaba correr sobre su cuello, no una sino muchas gotas, resbalando por sus pechos, su vientre, sus piernas...
Una parte de su mente deseó que aquello fuera pasajero, para volver a dormir. Pero algo la alarmaba, esa misteriosa conciencia del peligro inminente que se apoderaba de su capacidad de razonar y la convertía en puro y simple instinto... Con esfuerzo levantó una mano, la palma hacia arriba, y tocó el raso. Estaba empapado y chorreaba sobre todo su cuerpo... ¿Qué sería lo siguiente? “El lodo,- pensó, - el barro entrará y me envolverá...” Aquella idea hizo que se decidiera y salió por completo de su trance. Sin abrir los ojos, (“¿para que?”, - se preguntó con ironía), tanteó a través de la tela, desgarrándola hasta tocar la madera del costado, que cedió al segundo embate de su puño cerrado... Un par de empujones más y todo el brazo derecho quedó libre... Tenía el cuerpo entumecido, tanto que casi no podía moverse, pero ahora que notaba la caricia de un soplo de brisa que venía de fuera se reanimó y, girando sobre sí misma, salió y se dejó caer sobre la piedra... El alivio la recorrió como una corriente de energía: había un hueco, después de todo... Estaba empapada, con barro hasta los codos, pero libre.
Abrió los ojos. Ahora estaba segura: estaba libre y estaba despierta. Había vuelto.
Había vuelto. Las cosas no podían ser mejor. Además, había dejado de llover y anochecía.
Afuera brillaban las estrellas".


(Algunas lineas de "Los días sin sol"...)

jueves 3 de abril de 2008

Un premio Dardo



Mª Ángeles, desde su blog Los opinantes están en el Mirador, me obsequia con este premio Dardo, que pasa a formar parte de mis vitrinas, y que como los recibidos en mi República guardaré para ir entregando a otros 15 blogueros durante el año, a los que seguro les hará tanta ilusión como a mí...
Muchas gracias, querida nueva amiga, y un saludo afectuoso, aunque sea tan tarde.

viernes 21 de marzo de 2008

Noche oscura del corazón

A veces, sobre todo en vacaciones, cuando me quedo sola en casa, me permito la única licencia que le concedo a mi parte más romántica y paso una noche viendo películas de esas que en otros momentos denomino "sentimentaloides", a saber: comedias románticas en las que chica encuentra chico y con final feliz...
Casi siempre son las mismas, porque no tengo demasiada paciencia para ir a buscar otras cuando éstas me dan todo lo que deseo: un rato de risas y una "jartá" de llorar, y varias toneladas de envidia cochina, porque, aunque no creo que la vida sea un telefilme, reconozco que me gustaría conseguir lo que la Steisand en "El amor tiene dos caras", o sea, un amor conquistado por lo que uno es, lo que tiene dentro, lo imperecedero, (la alegría de vivir, la inteligencia, el gusto por las cosas), no por la belleza, al fin y al cabo efímera, que nos venden cada día por televisión como una panacea para encontrar la felicidad...
Una amiga me dijo una vez que cuando iba por la calle y se fijaba en los hombres que se cruzaban en su camino sin reparar en ella, (algo que no entiendo, siendo como es una mujer muy bonita y con un rico mundo interior), se decía que ellos se estaban perdiendo conocer a una "diosa del amor". Lo decía burlándose de sí misma. Lo más triste es que es cierto, estoy segura que dentro de ella hay una auténtica diosa esperando ser descubierta... pero ella no considera que eso sea importante, o no le da su auténtica importancia...
Son las tres de la mañana, y es agotador pensar en estas cosas, sobre todo en estas fechas en las que la religiosidad lo invade todo a mi alrededor. Pero es quizás por eso que pienso más en ello, como si el alma se afinara y el corazón se contagiase de esa búsqueda mística, alejándose de lo material.
Y se busca, (yo busco), el amor como en la canción de Loreena McKennitt que se oye mientras lees estas líneas, y que es un poema de un gran místico, San Juan de la Cruz: "en la noche dichosa,/ en secreto, que nadie me veía, / ni yo miraba cosa, / sin otra luz ni guía, / sino la que en mi corazón ardía"... * (actualización: ya no se oye)
Y no me importa lo que encuentre, yo seguiré lo mismo: mirando no con los ojos, sino a la luz de lo que dicta mi oscuro corazón...

miércoles 19 de marzo de 2008

Reflexión


Estos días de recogimiento, de oscura contemplación de lo Divino y lo humano, entre la tristeza y la esperanza, el alma parece encontrar un gusto agridulce en repasar cosas que la memoria, como si fuera un enemigo cruel, se empeña en recordar...
Mientras la parte más elevada de mí mira hacia lo alto, a la Cruz, y se detiene en el sacrificio de Uno que redime a todos, ese otro ser, oscuro pasajero, que me habita, se retuerce y pugna por salir. Porque conoce bien y en carne propia el precio del dolor... y lo aprovecha. Se alimenta del silencio, y se viste con jirones de sombra. Y crece, toma forma, se agiganta... para morir la mañana de Pascua, cuando la Luz ilumina sus ojos vacíos, y una voz grita: "¡Ha resucitado!", y se cubre de Amor y de Gloria la Tierra...