
Como buena pesimista, no creo en la felicidad completa. Y tampoco he encontrado evidencia alguna de ella, por lo que puedo sostener que mi creencia se basa en la experiencia empírica, la que he adquirido mediante el sistema de prueba y error. Pero, por desgracia para mi yo pesimista, en el fondo de mí, más allá de ese bosque de árboles entrelazados que adivinó en mi alma el vidente, hay un claro muy pequeño, con una fuente cantarina y un unicornio esperándome; mi propia versión de la caja de Pandora, mi mágico semoviente: mi esperanza, mi deseo...
Me digo a mí misma: "Estás contenta. Sonríes, has vuelto a escribir, ha despertado el unicornio y la fuente fluye de nuevo..." Sonrío. Miro en mi armario, y me lo encuentro lleno de nada que ponerme en una cita imaginaria, y al pasar por la sección de lencería en El Corte Inglés me paro a mirar las novedades de La Perla, algo que no me puedo permitir... Luego me río y sigo adelante, como si hubiera compartido una broma...
Sigo adelante. Y es bastante, es suficiente. Por ahora. Mañana, (¡mañana!), seguramente el deseo se transforme en otra cosa, en anhelo de realidad, en esperanza de futuro, en lágrimas y en derrota, pero esta noche me llena el corazón y los dedos mientras tecleo, a horas intempestivas, insomne, sonriendo en la oscuridad de mi habitación....
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