domingo, 26 de febrero de 2017

Matar a la marmota



La vida imita al arte, dicen. Al séptimo, para ser más exactos.

A veces, la mejor forma de explicar lo que pasa es referirse al guión de una película. En este caso podría tratarse de Atrapado en el tiempo, esa parte en la que Bill Murray se decide por el suicidio cuando se harta de repetir una y otra vez el Día de la Marmota.
Y es que llega un momento en el que lo ves venir. Así, sin anestesia ni nada. Lo ves venir, sabes lo que pasará y te aferras a la esperanza de que, a lo mejor, esta vez te estás equivocando y todo saldrá bien. Y, al final, lo único que consigues es volver a la casilla de salida, con la sensación de que has perdido algo. Y ni siquiera queda el consuelo de haber aprendido de la experiencia. Porque algo, dentro de ti, te dice que la próxima vez volverá a ocurrir lo mismo. 
Lo único que puedes hacer es agarrar a la marmota y lanzarte con ella por el precipicio más cercano lo más rápidamente posible. En la segunda cita, a más tardar. Y decir "Muchas gracias, pero no", sin dar muchos detalles. Y esperar a que Sonny y Cher vuelvan a cantar I got you, babe, el comienzo de un nuevo mismo día.