jueves, 23 de junio de 2011

Noche de San Juan


Era esta misma noche, la noche de San Juan de hace no se cuanto tiempo, y si lo sé, no quiero mencionarlo... Mi enamorado de entonces, (o al menos él decía estar enamorado), creía creer en la magia, en lo sobrenatural en su versión más pagana, en los ovnis, en la reencarnación y en las energías místicas. Y yo, que soy tan meridional que sólo puedo creer o en Dios o en nada, me limitaba a dejarle hacer...
Digo todo ésto no con ánimo de criticar, sino para explicar porqué aquella noche estábamos en el campo, después de medianoche, con otros amigos, recogiendo hierbas para hacer un ramo. No recuerdo para qué servía aquel atado de hierbas, cortadas bajo las estrellas: romero, tomillo, ajedrea... Olía como olían esta mañana las calles de Toledo, antes y después de la procesión del Corpus... Como huele ahora mismo en mi habitación, porque me he traído un ramito al volver a casa, embebido con el perfume del incienso...
Aquella noche la luna estaba, como hoy, medio velada, y más que medio menguante. Hacía calor, como hoy, y nos acompañaba el ruido amable que suelen emitir los jóvenes cuando están juntos y lo pasan bien. Volvíamos a mi casa, y mientras mis amigos charlaban y reían, yo caminaba en silencio enmedio de ellos, intentando que aquel instante quedara captado para siempre por la Polaroid de la memoria, puro y nítido: una mezcla de olores y sentimientos, una mezcla de amor e indiferencia, un recordatorio de lo que fuimos...