martes, 13 de octubre de 2009

Emilio


Casi no te recordaba,

ni al prado, o las mariposas:
Yo misma, en mi vestido de domingo,
parecía una de ellas, entre la hierba alta.
Siete años en flor, te miraban mis ojos
y veían en tus diez la madurez y el orden.
Hoy encontré una carta en el armario,
en la que te juraba que te amaría siempre.
Nunca te la envié.
¿Donde estará mi amado, Emilio niño,
el que contaba cuentos y tejía coronas
de blancas margaritas y me hacía su reina?
En mi recuerdo está junto a una fuente,
en un día de sol, tras la Misa de doce,
mientras el río corre abajo, entre zarzales,
y yo canto en voz baja, y él me besa los dedos.